07/07/2021
LAS ENERGIAS FEMENINAS
Dr. Eduardo Grecco
Partimos de la certeza de que la Terapia Floral es una psicoterapia auxiliada con esencias florales, ya que su objetivo no es prescribir remedios sino ayudar a que el paciente conozca la causa real de su enfermar. Causas que se identifican con la presencia de emociones sofocadas que desde la sombra retornan como síntomas, como vínculos y como sueños.
Emociones que hay que hacer aflorar a la conciencia para sanarlas, ya que nada puede ser curado en ausencia y sin antes haberlo vivido intensamente. Esto implica considerar, entonces, a la Terapia Floral no solo como un arte clínico, sino también mayéutico, al mejor estilo Socrático.
Al decir que las emociones sofocadas vuelven como síntomas, sueños y vínculos, estamos implicando que las emociones son la presencia del pasado en el presente, la fuerza del ayer en el hoy. En suma: son un modo de recordar.
Lo que es emoción sofocada en la personalidad es herida esencial en el alma, y entre estas dos estructuras existe una dinámica que hace que lo que cada uno reprima no sea azaroso, sino que se relaciona con el tipo de lección que cada uno tiene que aprender.
Al decir que las emociones son memoria, estoy afirmando que son la vuelta de antiguas experiencias. Experiencias que no provienen de un único lugar, ni que están escritas en un mismo libro, sino que sus fuentes son de tres órdenes: transpersonal, personal y prepersonal.
Todas las emociones ponen de manifiesto que lo que no se aprende, lo que queda pendiente, insiste. De modo que los síntomas, los sueños y los vínculos, que expresan los afectos sofocados, son insistencias de un pasado sin resolver, marcas que pueden provenir de mi biografía, de mi vida intrauterina o del universo transpersonal.
Estas cuestiones pendientes se expresan en emociones que se registran en el cuerpo, que quedan guardadas en el cuerpo. Aquí vale la pena recordar, antes de continuar, que las relaciones pueden concluir pero los vínculos permanecen, y permanecen
registrados en el cuerpo. De modo que el cuerpo recuerda lo que la conciencia quiere olvidar, el cuerpo revive lo que la conciencia quiere silenciar. Como se apreciará, todo parece reconducirnos al cuerpo. Y es que el cuerpo es el pivote de nuestra existencia,
el instrumento de nuestra encarnadura.
Volvamos atrás. Dentro de la memoria transpersonal conviene distinguir tres áreas: 1)aquélla que se genera a partir de vidas pasadas o memoria kármica, 2) la arquetípica y 3) la constelar familiar.
Sobre la primera, merece un lugar especial maravilloso trabajo que viene desplegando el Dr. José Luis Cabouli, quien ha puesto en evidencia, en sus textos y en su enseñanza oral, el carácter constitutivo de las experiencias de otras vidas como cinceladoras de mucho de lo que hoy nos acontece. No hay espacio aquí para explayarse, pero recomiendo un acercamiento a la obra del Dr. Cabouli para comprender el valor de las emociones como reproducción de experiencias, como intentos de saldar el pasado.
Respecto a la memoria arquetípica, Jung fue bastante explícito en mostrar cómo esos restos de experiencias colectivas construían patrones de la vida que reiteramos, al punto que arquetipos y repetición forman una pareja mancomunada. El proceso de
individuación consiste, justamente, en desprenderse de esta fuerza de atracción que nos ancla a emociones antiguas y colectivas. Su eficacia para condicionar la conducta actual muestra cómo esa memoria está activa. Finalmente, la constelación familiar.
El pasado familiar impregna toda nuestra vida. La
conciencia de la identidad familiar es tan fuerte que los seres humanos somos capaces de cualquier sacrificio, aún la enfermedad y la psicosis, con tal de no perderla y pertenecer. Muchas veces nuestros síntomas, nuestros vínculos y nuestros sueños son
expresión de las deudas, fantasías, deseos, maldiciones y muchas otras cosas que danzan en el inconsciente familiar.
Así, como el cuerpo es el pivote de la existencia, así como existir es coexistir, del mismo modo la coexistencia es el pivote de la evolución. Y la matriz esencial donde aprendemos, descubrimos y recordamos nuestros vínculos, es la familia. Los sueños, los vínculos y los síntomas son en lo individual lo que los mitos, los arquetipos y los
ritos son en lo colectivo y el puente mediante el cual lo individual se hace presente en lo colectivo, y lo colectivo en lo individual es la familia. Del mismo modo que las emociones y los vínculos, la familia está en el cuerpo, es cuerpo.