28/12/2025
Tendemos a buscar seguridad en reglas claras y formas correctas de movernos 🧭, especialmente cuando hay dolor, lesión o miedo a empeorar. Esa necesidad es comprensible, pero muchas veces nos aleja de una realidad más cotidiana, el movimiento humano nunca ocurre en condiciones idénticas 🔄. El cansancio, el contexto, las exigencias del día y hasta el estado emocional, cambian la forma en que nos movemos y el cuerpo responde ajustándose a todo eso, no repitiendo un molde fijo.
La variabilidad aparece justamente ahí, como una forma de resolver problemas en escenarios cambiantes 🧠. No es desorden ni falta de control, sino una capacidad del sistema para distribuir cargas, explorar opciones y evitar sobreexigir siempre las mismas estructuras ⚙️. Desde esta mirada, moverse distinto no implica hacerlo peor, sino disponer de más recursos para adaptarse cuando las condiciones ya no son las mismas.
En clínica, esto nos invita a replantear qué estamos observando cuando evaluamos movimiento 🧩. Más que buscar si alguien se mueve igual a un modelo ideal, puede ser más útil preguntarnos cuántas opciones tiene disponibles, cómo responde cuando algo cambia y qué tan rígido o flexible es su repertorio motor 📊. La variabilidad no se entrena eliminándola, sino creando contextos donde el cuerpo pueda ajustarse sin perder funcionalidad.
Tal vez el desafío no sea enseñar un gesto perfecto, sino acompañar procesos donde las personas recuperen confianza para moverse de distintas maneras 💬. Un sistema con mayor capacidad de adaptación suele tolerar mejor la incertidumbre del día a día 🌱. En ese sentido, entender la variabilidad como parte de la salud del movimiento cambia profundamente cómo pensamos la rehabilitación y el entrenamiento.
Davids 2003 - doi.org10.1080/0264041031000102010
Bartlett 2007 – doi.org 10.1016j.jbiomech.2007.02.018
Preatoni 2013 – doi.org/10.1007s40279-013-0059-8
Mukherjee 2018 – doi.org/10.3389fpsyg.2018.00978
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