21/01/2026
Ducharse antes de dormir es un hábito muy común, pero su efecto sobre el descanso depende de cómo se haga. Antes de dormir, el cuerpo necesita bajar su temperatura interna para iniciar el sueño, y ciertas duchas pueden acompañar ese proceso mejor que otras.
Las duchas tibias o calientes, cercanas a los 40–42°C, favorecen que el cuerpo libere calor después y alcance más rápido el estado necesario para dormir. Cuando se realizan con anticipación, 1 - 3 horas antes de ir a acostarse, suelen asociarse a un inicio del sueño más rápido y a un descanso más continuo.
La temperatura puede no ser adecuada para todos, lo más recomendado es ajustarla a 36-38⁰C.
La ducha fría, en cambio, tiene un efecto más estimulante. Activa el organismo y eleva el estado de alerta, lo que suele interferir con la transición hacia el sueño. En contextos específicos, como en algunos deportistas tras entrenamientos intensos, el uso de agua fría puede ayudar a reducir molestias musculares, pero eso no significa que sea la mejor opción cuando el objetivo principal es dormir mejor.
Entender cómo influyen estos hábitos en el cuerpo permite ajustar la rutina nocturna de forma más consciente. Si el descanso no es reparador o existen dudas sobre cómo las rutinas están afectando el sueño, es importante informarse y recibir orientación profesional.
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¿Te duchas antes de dormir?