23/01/2019
La primera vez que oí sobre la copa menstrual fue hace algunos años. La idea de tocar mi sangre y tener contacto con mi menstruación me parecía raro en ese entonces, incluso asqueroso. No era mi culpa, nos enseñaron a mentir sobre nuestros cuerpos, jamás confesar que estábamos sangrando, porque decían que olía mal, que era asqueroso, que nos volvíamos débiles, que estábamos enfermas unos cuantos días al mes. Nos compramos todo el cuento, hicimos todo para ocultar esa sangre, toallas higiénicas incómodas, tampones, doble ropa, polerón amarrado a la cintura.
Kilos y kilos de basura. Desecho de papel y de identidad.
Comenzar a usar la copa para mi fue una decisión política, con mi cuerpo territorio como mujer y con el territorio mundo que habito.
Más de dos años después me repito: nunca más avergonzada por sangrar, nunca más lejana a mis procesos, nunca más.
La copa es cómoda, es ecológica, es económica y es feminista.
Quiero que la tengan todas, que la conozcan todas, cada una a su tiempo.
Mi idea es vender las copas a un precio justo y también generar aquí un espacio de conocimiento. Todas las preguntas son bienvenidas, también las sugerencias.
Rompamos juntas los tabúes 🔥
La Copa Bacana 🌿
La imagen la tomé prestada, si alguien conoce a su creadora o creador solo avíseme!