21/04/2021
𝗟𝗮 𝗶𝗻𝗼𝗰𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮 𝗲𝘀 𝗻𝘂𝗲𝘀𝘁𝗿𝗼 𝗲𝘀𝘁𝗮𝗱𝗼 𝗻𝗮𝘁𝘂𝗿𝗮𝗹, antes de quedar oculto detrás de nuestra imagen de nosotros mismos. Cuando nos miramos, incluso con la intención de ser totalmente sinceros, vemos una imagen construida a través de los años, de capas complejamente entretejidas. Las líneas y arrugas que surcan nuestro rostro cuentan la historia de alegrías y tristezas pasadas, triunfos y derrotas, ideales y experiencias. Es casi imposible ver algo distinto en él.
𝗘𝗹 𝗺𝗮𝗴𝗼 𝘀𝗲 𝘃𝗲 𝗮 𝘀í 𝗺𝗶𝘀𝗺𝗼 𝗱𝗼𝗻𝗱𝗲 𝗾𝘂𝗶𝗲𝗿𝗮 𝗾𝘂𝗲 𝗺𝗶𝗿𝗮 𝗽𝗼𝗿𝗾𝘂𝗲 𝘀𝘂 𝘃𝗶𝘀𝘁𝗮 𝗲𝘀 𝗶𝗻𝗼𝗰𝗲𝗻𝘁𝗲. No está nublada por los juicios, los rótulos y las definiciones. El mago sabe de todas maneras que tiene ego e imagen de sí mismo, pero no se deja distraer por esas cosas. Las ve contra el telón de la totalidad, el contexto completo de la vida.
El ego es el “yo”; es nuestro punto de vista singular. En la inocencia, ese punto de vista es puro, c***o un lente transparente. Pero sin la inocencia, el foco del ego se distorsiona notablemente. Cuando creemos conocer algo — incluidos nosotros mismos —, en realidad estamos viendo nuestro propios juicios y rótulos. Las palabras más simples que utilizamos para
describimos unos a otros — amigo, familia, extraño— están cargadas de juicios. La brecha enorme de significado que separa al amigo del extraño, por ejemplo, está llena de interpretaciones. Al amigo se le trata de una forma, al enemigo de otra. Aunque no traigamos nuestros juicios a la superficie, ellos nublan nuestra visión como el polvo que oscurece un lente.
Al no tener rótulos para nada, 𝗲𝗹 𝗺𝗮𝗴𝗼 𝘃𝗲 𝗹𝗮𝘀 𝗰𝗼𝘀𝗮𝘀 𝘀𝗶𝗲𝗺𝗽𝗿𝗲 𝗻𝘂𝗲𝘃𝗮𝘀.
El Sendero del Mago.
Deepak Chopra
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Jean Latorre - VoltaOrigen
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