24/01/2020
Hace unos días vi esta película, que además, de ser un excelente material cinematográfico, revela una problemática que puede estar más cerca de lo que se puede pensar.
Arthur, un individuo que desde siempre experimentó la falta de dignidad, ser rechazado e ignorado por el otro social debido a sus carencias subjetivas y económicas. Ignorado por el padre con la finalidad de que su existencia, no produzca una mancha familiar y tampoco ver amenazado sus operativos semblantes.
En esta indignación ocurre un hecho desafortunado, la escena del metro, aquella que después lo encuentra con la designación de Héroe, aceptando posteriormente el nombre de Wason en el que converge el héroe y su indignación, aquel nombre autoriza sus actos.
Wason le permite tener un lugar que hace diferencia a las designaciones y atribuciones que hasta ese momento tenía Arthur. Sin embargo, este encuentro, que produce una nueva orientación, marca una errancia sin salida que sólo convocará, como dice Lacan, el orden de hierro.
En la clínica me he encontrado con relatos de sujetos marcados por designaciones y atribuciones nefastas, experiencias por ejemplo vividas en un contexto de violencia escolar, gord@, fe@, tont@. Pero que el encuentro con otra cosa, la música, el cine etc., han posibilitado una salida singular, algunas de ellas, con empuje a la creación.
La indignación, la pérdida de dignidad, suele ser el motivo de consulta de un análisis. Cuando no ha existido encuentro oportuno con otra cosa, es el dispositivo analítico el
Que se ofrece para acoger esa indignación, tomarla, pero esta vez, como reverso a la posibilidad de tener un encuentro con algo único e incomparable del propio analizante.
Esto es lo que marca y posibilita la experiencia de análisis...
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