10/01/2026
2026 no comenzó como lo imaginé.
Y eso… también es una bendición.
Venía de un 2025 donde planifiqué, estructuré, soñé en grande.
Tenía para este 2026 fechas, métodos, propuestas, claridad mental.
Creía con buena intención que si hacía “todo bien”,
la vida iba a responder en el mismo orden.
Pero la vida hizo lo suyo.
Cambió los planes.
Pausó proyectos.
Forzó reinicios.
Y me llevó a un lugar que no estaba en mi agenda:
la vulnerabilidad real.
Cuando la salud de tu compañero de vida se ve afectada,
todo lo demás pierde protagonismo.
El control ya no sirve.
La excelencia deja de ser prioridad.
Tener “el método perfecto” o creer que una lo sabe todo…
no sostiene a nadie en esos momentos.
Ahí entendí algo profundo:
no siempre se avanza haciendo más,
a veces se avanza deteniéndose.
Solté el control.
Solté la exigencia.
Solté la idea de demostrar algo.
Y empecé a vivir desde otro lugar:
la gratitud diaria, sencilla, consciente.
Hoy agradezco lo que es.
Agradezco lo que no se dio.
Y confío con una fe más madura
en que lo que viene es grandioso,
aunque aún no tenga forma.
2026 no me pide correr.
Me pide presencia.
No me pide respuestas.
Me pide coherencia.
No me pide perfección.
Me pide verdad.
Y desde ahí…
desde ese lugar más humano, más real, más rendido,
sé que todo se está ordenando mejor de lo que mi mente podría haber planeado.
A veces perder el control
es la manera más amorosa que tiene la vida
de devolverte al centro.
Nadia Tapia Lovera
Acompaño procesos de sanación, orden y transformación consciente,
cuando la vida te invita a soltar… y confiar.