30/11/2022
A veces necesitamos transitar algunas sendas dolorosas para volvernos expertas en una medicina.
A veces encontramos el poder justamente en eso de lo que hemos estado carentes o en donde nos hemos equivocado mas. Y es que la lección está ahí, floreciendo entre las heridas.
En este tiempo de virtualidad, viajes, apertura de fronteras, libertad mental y espiritual que ha sido tan importante, también nos hemos visto perdidas y desenraizadas y es que no importa a donde vayamos si el hogar adentro sigue roto.
Ha sido un alivio entender que los hogares ya no son para siempre, que los ciclos empiezan y terminan, que tenemos la libertad de cambiar todos los días y de estar en cualquier lugar que lo deseemos, pero para volar con las alas extendidas el hogar interno debe estar bien cuidado porque finalmente ese será el nido al que siempre volveremos.
Una casa interna hecha con honestidad, donde podamos vernos al espejo con franqueza y dulzura, donde el propósito vital sea nuestra guía y nuestro verdadero calor de hogar. Un refugio lleno de riqueza, de valor y de sensibilidad. Habrá que construir ese lugar donde al cerrar los ojos, tu misma seas el lugar más seguro y plácido del mundo.
Ahí, en esa remodelación, aprendemos a poner nuestra rodilla en la tierra, a santificar cualquier lugar, a levantar altares, a sembrar flores, a poner belleza donde sea que estemos, hasta que la vida misma sea el hogar.
Gracias a la consultante de hoy, por su valentía.
Esperando que no dude de su medicina para embellecer las casas de otras personas, aunque su herida venga de la pérdida del hogar.
Realizando ese sueño sabrá cómo hacerle un nido nuevo al alma.