31/07/2022
ALZHEIMER
La enfermedad de Alzheimer es una patología neurodegenerativa cerebral, progresiva e irreversible. Afecta de forma difusa a las neuronas de la corteza cerebral y otras estructuras adyacentes, y lleva a una degeneración de la función cognitiva y a trastornos conductuales.
El alzhéimer se caracteriza por un deterioro de la capacidad del sujeto para controlar sus emociones, desenvolverse en su entorno de acuerdo a unas pautas de conducta normales, y coordinar adecuadamente sus movimientos y memoria, entre otros trastornos (pérdida del sentido de la orientación, dificultad para organizar tareas o resolver problemas, alteraciones del lenguaje.
Por lo general, suele hacer su aparición a partir de los 65 años –aunque también puede darse en personas más jóvenes–. Se trata de una enfermedad en la que la familia y el entorno del afectado juegan un papel fundamental, tanto en la identificación temprana de posibles síntomas que ayuden a realizar un diagnóstico precoz, como en el cuidado y manejo posterior del paciente, que con el paso de la enfermedad va perdiendo su autonomía y capacidad para llevar a cabo por sí mismo actividades cotidianas.
Su aparición puede ser paulatina, comenzando con dificultades para recordar hechos recientes o nombres de personas, pero con el paso del tiempo el cuadro empeora, el paciente puede desde no reconocer a sus familiares o costarle hablar o escribir, o realizar actividades de su día a día, como asearse o limpiarse los dientes. En los casos más avanzados pueden mostrar irascibilidad, ansiedad o deambular por zonas que desconocen, llegando a perderse.
Se han determinado diversos factores biológicos que interactúan con distintos mecanismos de tipo genético o ambiental, y que dan lugar a las lesiones que causarán la degeneración progresiva de las células nerviosas y a la aparición del alzhéimer.
Tratamiento del alzhéimer
El alzhéimer es una enfermedad para la que actualmente no se conoce cura. No es posible frenar su avance ni restaurar las funciones deterioradas. Los fármacos que se encuentran en el mercado hoy en día están destinados a retardar la evolución de la enfermedad, reducir los síntomas (depresión, síntomas psicóticos, trastornos del sueño…), mejorar la función cognitiva y frenar ciertos procesos metabólicos, que se cree aceleran el proceso degenerativo.
Recomendaciones para vivir con alzhéimer
Una vez que se ha diagnosticado la enfermedad de Alzheimer comenzará un proceso muy difícil, tanto para el enfermo como para las personas que le rodean (más si cabe para estas últimas). Todo el entorno del enfermo, la casa y la familia, deberá ser reorganizado para evitar cualquier tipo de lesión, para facilitar el manejo de situaciones complicadas, y para asegurar una calidad de vida adecuada al paciente y a sus cuidadores.
Evitar caídas: hay que asegurarse de quitar todo aquello con lo que sea fácil resbalar, eliminar obstáculos que dificulten el desplazamiento, evitar que los cables arrastren por el suelo, asegurar un buen alumbramiento de las estancias, etc..
Evitar accidentes: es importante retirar de la circulación todo tipo de materiales cortantes, inflamables y tóxicos. Es recomendable equipar la bañera con barras que faciliten la entrada y salida de la misma, y con bandas antideslizantes. Instalar seguros en ventanas y puertas, y no dejar nunca solo al paciente en lugares como terrazas, escaleras, y otros lugares que puedan resultar peligrosos para él.
Organizar el entorno: en general se debe intentar simplificar la disposición de la casa y de los objetos, no dejar nada que pueda caerse con facilidad o con lo que se pueda tropezar. Además, es conveniente no cambiar las cosas de sitio para no desorientar al enfermo.
Actividades cotidianas: ya desde las primeras etapas de la enfermedad se debe crear una rutina y seguirla lo más fielmente posible; lo que ayudará al enfermo a orientarse en el espacio y en el tiempo.
Consejos para familiares de pacientes con alzhéimer:
La familia va a vivir y sufrir con el enfermo de alzhéimer todo el progreso de su enfermedad. Los cambios que van a ocurrir a partir de este momento supondrán en muchos casos la aparición de ciertos sentimientos negativos (depresión, miedo, ansiedad, culpabilidad…), y un nivel de estrés y desgaste, tanto físico como psicológico, que van a dar lugar a lo que se ha denominado “síndrome del cuidador”.
Para evitar que la persona que asume el papel principal de cuidador sufra este trastorno debe, en primer lugar, estar informada y recibir algún tipo de formación que la oriente en el desarrollo de su función. En segundo lugar, debe saber que dispone de ayuda siempre que la necesite, apoyo psicológico, social y familiar.
Fuente: Webconsultas
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