18/01/2026
🔺 El triángulo dramático y el rol de la víctima en la pareja (una mirada desde el cerebro y el sistema nervioso) 🔺
En el triángulo dramático (Víctima–Salvador–Perseguidor), el rol de la víctima no es solo una postura emocional, también es un patrón neurobiológico aprendido. Hoy sabemos que el cerebro busca seguridad y predictibilidad, incluso cuando estas provienen de dinámicas disfuncionales.
La víctima se percibe a sí misma como impotente, incomprendida o constantemente afectada por el otro. Desde ahí, evita asumir responsabilidad emocional y coloca el poder fuera de sí: “tú me haces actuar así”, “si cambiaras, yo estaría bien”. Esto genera dinámicas de dependencia, resentimiento y desgaste, porque la pareja queda atrapada intentando rescatar, justificar o, con el tiempo, perseguir.
Cuando una persona se posiciona repetidamente como víctima, su cerebro activa de forma constante el sistema de amenaza (amígdala), generando estados de hipervigilancia, queja y sensación de injusticia. En este estado, el acceso a las funciones de autorregulación y reflexión disminuye, por lo que se reacciona más desde la emoción que desde la elección consciente.
En la relación de pareja, este patrón refuerza circuitos asociados a la dependencia emocional: el alivio momentáneo aparece cuando el otro rescata, valida o cede. Ese alivio refuerza inconscientemente el rol de víctima como una estrategia de regulación emocional, manteniendo activo el ciclo del triángulo dramático.
Con el tiempo, esta dinámica desgasta el vínculo. La relación queda atrapada en respuestas automáticas y pierde profundidad, porque el sistema nervioso permanece en modo supervivencia y no en modo vínculo, donde pueden darse la empatía, la cooperación y la conexión genuina.
Salir del rol de víctima implica reeducar el sistema nervioso: aprender a autorregularse, asumir responsabilidad emocional y crear nuevas formas de respuesta. Cada elección consciente fortalece nuevos caminos internos que permiten relaciones más adultas, seguras y equilibradas.