06/02/2026
Estas seudociencias, y muchas más, no cuentan con evidencia científica que respalde su eficacia. Aun así, a menudo se presentan como si fueran tratamientos psicológicos o médicos reales. Pueden generar falsas expectativas y culpabilizar a las personas por su malestar, por ejemplo atribuyéndolo a “bloqueos energéticos”, conflictos familiares inconscientes, al “niño interior” o a la idea de que hay que sanar algo del pasado.
Se promocionan de forma muy atractiva y prometen beneficios que no alcanzan. Y, lo más grave, tienden a sustituir intervenciones psicológicas basadas en la evidencia, que sí han demostrado ser seguras y eficaces. Además, muchas de estas prácticas carecen de controles éticos, regulación profesional y evaluación de riesgos, lo que deja a las personas en una situación de vulnerabilidad frente al engaño y la manipulación.
Elegir enfoques científicos no es una cuestión de creencias, sino de protección de la salud, el bienestar y los derechos de quienes buscan ayuda.
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