05/03/2026
El pecado que nadie confiesa: la indiferencia
“Había un mendigo llamado Lázaro… a la puerta del rico.”
(📖 Lucas 16,20)
El rico no era ignorante.
No era incapaz de pensar.
Simplemente había dejado de sentir.
La ceguera espiritual rara vez aparece de repente.
Se instala lentamente, casi sin ruido.
Primero uno se acostumbra al bienestar.
Después se normaliza la desigualdad.
Luego el sufrimiento ajeno deja de conmover.
Y finalmente ocurre algo inquietante:
el corazón deja de reaccionar.
Es lo que podríamos llamar corazón cauterizado.
Como una herida quemada que ya no duele, el alma pierde sensibilidad.
Lo que antes despertaba compasión ahora apenas provoca indiferencia.
Entonces aparece la miopía del espíritu.
La miopía espiritual no significa no ver nada.
Significa ver solo lo que está cerca del propio interés.
Se perciben las propias necesidades.
Se defienden las propias comodidades.
Se atienden los propios problemas.
Pero el otro —especialmente el que sufre— queda fuera del campo visual del corazón.
El Evangelio sugiere una verdad inquietante:
el mayor peligro no siempre son los malos, sino los buenos cuando se vuelven indiferentes.
Cuando el corazón se acostumbra demasiado al privilegio,
la compasión se debilita,
la mirada se estrecha,
y la conciencia se adormece.
Por eso la verdadera conversión no comienza solo cambiando acciones.
Comienza recuperando la capacidad de ver.
Ver al otro.
Ver la herida del mundo.
Ver el rostro humano detrás de cada necesidad.
Porque cuando el corazón vuelve a sentir,
cuando la mirada recupera profundidad,
algo se despierta en el alma.
La ceguera se abre.
La miopía se corrige.
Y el corazón, que parecía endurecido,
vuelve a latir con misericordia.
🔗 https://whatsapp.com/channel/0029VadmvWsD38CO0f7JKm0R�
Nariño Noticias La Original Pasto Denuncias Última Hora Pasto Hogar Belén Hogar Belen Buesaco Parroquia Inmaculada Concepción Buesaco Evangelio del Día Profe IA Viral
✨