20/03/2026
“TOCA SONREÍR A PESAR DE LAS ADVERSIDADES DE LA VIDA”, NANCY BUSTOS.
Nacida el 24 de julio de 1962 en El Carmen, Norte de Santander, Nancy Bustos Sosa creció en una familia numerosa de siete hermanos donde aprendió que la unión es la mayor de las fortalezas. Aunque hoy reside en Cúcuta y vive sola tras su divorcio, su vida transcurre en una órbita de amor constante: es la cuidadora fiel de su madre, la guía de sus dos hijas y la abuela que encuentra en sus cuatro nietos (su alma), ese amor incondicional.
Su llegada al HUEM en 1989 no fue coincidencia, sino destino. Un 31 de enero, tras una reunión para organizar el servicio transfusional, recibió una oferta directa del Gerente de esa época, quien le ofreció la posibilidad de pertenecer a esta gran familia. Al día siguiente, a las siete de la mañana, Nancy ya estaba en su puesto, marcando el inicio de una travesía de 37 años, comenzando en una época donde aún no existía Banco de Sangre, sino servicio transfusional donde solo se despachaban unidades.
Su formación académica es el reflejo de su disciplina. Bacterióloga de la Universidad Metropolitana de Barranquilla, especialista en Docencia y Magíster en Salud Pública, dedicó 22 años de su vida a las aulas universitarias y aunque hace un tiempo dejó la academia formal, su espíritu de Docente sigue intacto; en el hospital, donde la práctica es constante, continúa guiando a las nuevas generaciones de profesionales con la autoridad que dan el conocimiento y la experiencia.
A lo largo de casi cuatro décadas, Bustos Sosa ha sido testigo y protagonista de momentos críticos de la salud, como la crisis del H1N1 y la pandemia de COVID-19, demostrando entrega y compromiso, pues no importaban las madrugadas en el aeropuerto esperando paneles respiratorios provenientes de Bucaramanga ni las jornadas 24/7 en el laboratorio; para ella, cada diagnóstico oportuno era una vida salvada, una misión cumplida bajo la presión de lo desconocido.
Sin embargo, el hospital también ha sido el escenario de algunos momentos tristes y amargos, pues tuvo que vivir la dualidad de ser profesional y familiar de paciente cuando su hermano fue internado y aunque ya no está, ella guarda un agradecimiento profundo por la atención recibida en la institución. Además, la pandemia la vivió aún más cerca, pues mientras ella batallaba contra el COVID-19, su madre sufría las secuelas emocionales de la muerte de su hijo. Fueron tiempos oscuros donde su fe y su fortaleza interna fueron sus más grandes faros de esperanza.
Leal, respetuosa y humilde es como se define Nancy. Una mujer de detalles que cree firmemente en la importancia de la imagen y el cuidado personal. Por eso su debilidad son los perfumes, pues le encanta dejar rastro con una estela de olor a su paso y de hecho, ese es su sello distintivo; en el laboratorio, su presencia se anuncia con el rastro de sus perfumes favoritos y un cabello siempre impecable. Esta atención al detalle es la misma que aplica en su trabajo, donde no admite errores porque conoce la ciencia detrás de cada reactivo.
Su trayectoria administrativa es tan vasta como la asistencial. Fue coordinadora del laboratorio clínico entre 2013 y 2020, representante de los profesionales de la salud en el departamento y auditora de calidad en el área de planeación. Aunque ha navegado por las aguas de la gestión, su corazón sigue latiendo con fuerza por la bacteriología pura. Hoy, como coordinadora de calidad, combina su experiencia técnica con su visión gerencial para garantizar la excelencia en cada proceso.
A pesar de haber vivido episodios traumáticos, como el secuestro de su padre y hermanos en la región del Catatumbo, Nancy no guarda rencor ni amargura. Su filosofía es simple pero poderosa: "Toca sonreír a pesar de las adversidades". Incluso en los momentos más grises, busca esa chispa de alegría que le permite seguir adelante. Es una mujer que disfruta de la vida social, de una buena cena con amigos y de bailar, aprovechando cada oportunidad para celebrar la existencia.
Recientemente pensionada, Bustos Sosa decidió que su ciclo en el hospital aún no termina. Con el respaldo de figuras como el Dr. Hernando Mora y la Dra. Francy Archila de Actisalud, agradece el poder seguir aportando a la institución que la vio crecer desde los 25 años. Para ella, el trabajo no es una carga, sino un acto de amor. Asegura con convicción que el día que sienta pereza al levantarse para ir al hospital, ese día renunciará, pero ese momento parece estar muy lejos de su realidad actual y es que ella refleja el aroma de la perseverancia en los pasillos del hospital. Su historia es un recordatorio que la excelencia profesional no está reñida con la calidez humana. Entre microscopios, retos administrativos y el amor por su familia, la doctora Nancy sigue demostrando que, cuando se ama lo que se hace, todo sale perfecto. Su vida es, en definitiva, un testimonio de fe, resiliencia y una sonrisa inquebrantable frente al mundo.