21/12/2025
Las adicciones (a sustancias, a actividades y a conductas) generan cambios profundos en el cerebro en la forma de buscar (y lograr) placer, que lo impulsan a seguir en esa vía.
Solo un deseo profundo de cambiar, sumado a una conexión espiritual, un movimiento energético constante (y transformador)
Y un acompañamiento permanente e integral, pueden tener éxito a largo plazo.
Ah, y una cosa importante: El entorno.
Por qué deseamos evadir la realidad?
Asumir la realidad (interior), aceptarla y transformarla es el camino. Y de aquello que no se pueda cambiar (y nos hace daño) tomar distancia.
Cuando el cerebro se vuelve dependiente: la neurobiología de las adicciones
Las adicciones no son solo falta de control, sino el resultado de cambios profundos en los circuitos cerebrales de recompensa.
Sustancias y conductas adictivas hiperactivan el sistema dopaminérgico, especialmente en el núcleo accumbens, generando una sensación intensa de placer que el cerebro aprende a buscar de forma repetitiva.
Con el tiempo, este sistema se desensibiliza, lo que obliga a aumentar la frecuencia o intensidad de la conducta para obtener el mismo efecto.
Además, la corteza prefrontal —clave para el autocontrol— pierde eficacia, dificultando la toma de decisiones y el control de impulsos.
Volkow, N. D., Koob, G. F., & McLellan, A. T. (2016). Neurobiologic advances from the brain disease model of addiction. New England Journal of Medicine, 374(4), 363–371.