05/03/2026
La alegría y el optimismo son el impulso vital con el que llegamos al mundo. Confiamos de forma natural, creemos que el mundo es un lugar seguro y que todo es posible. Esa “fe infantil” es la base de nuestra capacidad para vincularnos, explorar y crecer.
Cuando esa confianza se hiere, el niño aprende a protegerse, a desconfiar y a sobrevivir como puede. Pero cuando se cuida, se valida y se acompaña, esa fuerza interna florece y se convierte en la raíz de la intimidad, la esperanza y la capacidad de ver el lado bueno de la vida.
Cuidar la confianza de un niño es cuidar su futuro.