14/02/2026
Hace unas semanas estuve hospitalizada durante ocho días por una infección en el riñón.
Escuchar que debía quedarme hospitalizada de inmediato fue algo inesperado. El dolor físico era intenso, pero el impacto emocional fue aún mayor.
En esos días —entre medicamentos, silencios y horas largas— tuve tiempo para algo que casi nunca me permito: detenerme.
He alcanzado logros y metas que hace años parecían imposibles y hoy son parte de mi historia. Pero en esos días entendí algo con claridad incómoda: el tiempo es finito. Y la vida no puede seguir siendo algo que postergue en nombre de los logros.
Durante años creí que primero era cumplir, alcanzar, demostrar… y luego vivir con calma.
Hoy sé que no quiero seguir negociando la vida con el “cuando termine esto”.
Quiero vivir mientras construyo.
Quiero estar presente, no solo ser productiva.
Porque para mí, ningún logro compensa una vida que se aplaza indefinidamente.
Y tú… ¿qué estás postergando en nombre de tus metas?