08/03/2026
En medicina solemos hablar de mentores, maestros y referentes.
Pero en mi caso, el primer maestro no estaba en un hospital.
Estaba en mi casa.
Mi madre no pertenecía al mundo de la salud. No conocía de quirófanos, ni de anatomía, ni de residencias médicas. Pero entendía algo mucho más profundo: el valor de la disciplina, del estudio silencioso, del trabajo constante y de levantarse cada vez que la vida golpea.
De ella aprendí que el esfuerzo no se negocia, que la adversidad no es excusa, es entrenamiento, que leer, escribir y pensar son formas de construir libertad y que el verdadero éxito siempre está ligado al servicio a los demás.
Mucho antes de cualquier título, antes de cualquier especialización o reconocimiento, ella ya estaba formando al médico que algún día sería.
Hoy, en el Día Internacional de la Mujer, celebro a mi madre.
Porque detrás de muchos profesionales, científicos, maestros y líderes, hay mujeres que nunca pidieron crédito, pero que lo hicieron todo posible.
Gracias, mamá. Tu legado vive en cada paso de mi camino.