12/03/2026
Elegí la neurología porque desde la primera vez que estudié el cerebro me pareció simplemente maravilloso. Pensar que una estructura tan pequeña puede ser capaz de coordinar pensamientos, movimientos, emociones, recuerdos y cada función de nuestro cuerpo con una precisión tan increíble, me sigue pareciendo algo fascinante.
Además, en mi historia personal siempre han estado presentes las enfermedades neurológicas. Muchos de mis familiares han padecido o padecen alguna de ellas, y eso despertó en mí una enorme curiosidad por comprender más, aprender más y, sobre todo, poder ayudar.
Con el tiempo entendí que había tomado la mejor decisión. Cada día que entro a mi consulta me enamoro un poco más de mi profesión.
Pero la neurología no se trata solo del cerebro y sus funciones. La mejor parte siempre serán las personas. Escucharlos, acompañarlos, intentar ayudarlos en momentos difíciles y caminar con ellos en su proceso.
Y algo que nunca deja de sorprenderme es que, así como yo puedo aportarles algo desde la medicina, mis pacientes también me enseñan muchísimo cada día.
La neurología es ciencia, pero también es humanidad. Y tener el privilegio de ejercerla es algo que agradezco todos los días.