24/12/2025
En la Trini, cocinar nunca ha estado libre de sufrimiento.
Una vez, carajillas, Carmen y yo quedamos a cargo de entregar un queque de cumpleaños mientras mami se fue a hacer mandados, probablemente a dejar repostería o al mercado a comprar ingredientes.
Estábamos esperando al cliente en la mesa del comedor, atisbando por la ventana de la sala, y por alguna razón armábamos un juego de llaves. Como en cámara lenta, en determinado momento, la argollita voló y se incrustó en el queque. El terror se apoderó de las dos, al punto que hoy no sabría decir cuál fue la culpable.
Con el cuhchillito multiuso de la casa, uno puntiagudo, saqué la argolla en cuestión, y con una espátula húmeda el quequito quedó como si nada. Fue entregado y pagado, y todos contentos.
Pasaron muchos años antes de vencer el dolor de panza que generaba evocar este recuerdo y la confesión fue hecha.
La tamaleada, tampoco ha estado exenta de tortas.
Hoy fui yo. Mientras mami batía a mano la masa, me pidió que le ayudara a condimentarla con las especies contenidas en bolsitas traídas desde el mercado central.
Me quedé esperando el ya ya ya! y seguí echando la paprika despistada...María Isabel! Grito inconfundible de madre tremebunda y fúrica me sacó de mi trance. Tímidamente quise reír y alivianar el momento, pero me torcieron los ojos al viejo estilo y solo pude quedar muda.
Para los que la conocen, Martínez estaba -en sus palabras- aplaudiendo con las nalgas. La llevaba quien la traía.
Incluso pensó en echar la masa en una bolsa y botarla... para nada sirvió el comentario solidario de Walter qué pasó por ahí “van a estar ahumaditos, y más bonitos así que todos pálidos”. Aquella masa parecía más una salsa rosada que la base de un buen tamal.
Hicimos todos los mates posibles que gracias a los años de cocinera se le ocurrieron a mami... caldos con perejil, ajo, tomillo... etc...
El color mejoró y ya está lista la cosa para empezar.
Esto lo escribo mientras me tomo un café, al tiempo que Carmen se despierta de su habitual sueño vespertino, y al asomarse por el pasillo, todavía con lagañas, pregunta: “¿por qué esa masa tiene ese color?, ¿no está muy anaranjada?”
16 diciembre 2017. 🎄