27/03/2026
Hay cosas que perturban.
Y esta es una de ellas.
No porque entendamos todo…
sino precisamente porque no.
El dolor de otra persona no es algo que podamos traducir desde afuera,
ni explicar con nuestras propias categorías.
A veces, intentar hacerlo dice más de nuestra incomodidad
que de la experiencia real del otro.
Y sí…
es normal que esto nos mueva.
Que genere preguntas.
Que duela.
Que incomode.
Pero no todo lo que sentimos frente al dolor ajeno
nos da derecho a interpretarlo.
Tal vez esta conversación no se trata de tener razón,
sino de aprender a mirar con más cuidado.
Y también —muy importante—
de saber cuándo tomar distancia.
No todo lo que circula necesita quedarse con nosotros.