03/12/2025
La enfermedad de Alzheimer es la causa más frecuente de demencia en el mundo, representando entre el 60% y el 80% de los casos. Su prevalencia aumenta con la edad: afecta aproximadamente al 10% de las personas mayores de 65 años, al 20% de quienes superan los 75 y a casi 1 de cada 3 mayores de 85 años. Aunque suele comenzar de manera silenciosa, sus primeros síntomas pueden aparecer muchos años antes del diagnóstico clínico, por lo que la detección temprana es fundamental.
Los síntomas iniciales más comunes incluyen la pérdida de memoria reciente, especialmente olvidar conversaciones, repetir preguntas o depender cada vez más de recordatorios. También aparece dificultad para planificar, organizar o resolver problemas cotidianos, así como desorientación en tiempo y lugar, confusión sobre la fecha o cómo llegar a sitios familiares. Otros signos tempranos son los problemas de lenguaje, dificultad para encontrar palabras, pausas frecuentes o perder el hilo de una conversación. Además, pueden darse cambios en el estado de ánimo, ansiedad, irritabilidad, apatía, tristeza o desconfianza.
Aunque el Alzheimer es más común en adultos mayores, los expertos recomiendan empezar a cuidar la salud cerebral desde los 40–50 años, una etapa donde comienzan cambios sutiles en la estructura cerebral y donde los hábitos tienen mayor impacto preventivo. La buena noticia es que, aunque no existe una forma de prevenirlo por completo, sí podemos reducir el riesgo hasta en un 40% mediante cambios sostenidos en el estilo de vida.
Las estrategias de prevención más efectivas incluyen:
• Dormir adecuadamente y tratar trastornos como la apnea del sueño.
• Controlar factores de riesgo cardiovascular: presión arterial, azúcar y colesterol.
• Practicar actividad física regular, combinando ejercicio aeróbico y fortalecimiento muscular.
• Adoptar una dieta mediterránea, rica en vegetales, legumbres, pescado, aceite de oliva y alimentos antioxidantes.
• Mantener una vida social activa y evitar el aislamiento.
• Estimular la mente: leer, aprender idiomas, estudiar, tocar un instrumento o resolver desafíos cognitivos.
• Reducir el estrés crónico con técnicas de respiración, meditación o actividades placenteras.
Reconocer los síntomas y adoptar hábitos protectores puede marcar una gran diferencia. Una valoración médica temprana permite intervenir antes, acompañar mejor al paciente y ayudar a la familia a planificar con claridad y esperanza. Si notas estos cambios en un ser querido, una consulta especializada es el mejor primer paso.