30/12/2025
Esto es muy importante !! Hacer visible las diferencias que existen entre hombres y mujeres al diagnosticar y dar tratamiento a muchas enfermedades y ni que se diga de disfunciones sexuales - que no tiene nada de disfuncional sino que viene a ser un síntoma de un malestar emocional mayor !! A cuidarnos y respetarnos mucho pero sobre todo a conocernos más profundamente
¿La medicina trata a hombres y mujeres igual?
Leonel Argüello Yrigoyen, médico epidemiólogo
Durante mucho tiempo, la medicina asumió que los tratamientos, diagnósticos y cuidados eran iguales para todas las personas. Sin embargo, hoy se reconoce que existen diferencias biológicas, sociales y culturales que influyen profundamente en la salud de hombres y mujeres y generan brechas significativas en la atención sanitaria.
Uno de los factores más relevantes es la presencia de sesgos o errores en la investigación médica, derivados de décadas en las que los estudios clínicos se centraron en los hombres. Las mujeres, especialmente en edad reproductiva, fueron excluidas por temor a variaciones hormonales o posibles efectos en el embarazo. Esta exclusión ha limitado la calidad de la evidencia disponible sobre la eficacia, la seguridad y la dosificación de los tratamientos en mujeres, lo que puede traducirse en recomendaciones terapéuticas inadecuadas.
En América Latina, estas desigualdades se agravan debido a la baja representación femenina en posiciones de liderazgo científico y en la toma de decisiones en salud. En muchas academias médicas, entre el 3% y el 20% de sus miembros son mujeres, y menos del 20% de las facultades de medicina están dirigidas por mujeres. Esta falta de participación limita la producción de estudios con perspectiva de género y afecta la comprensión de enfermedades que se manifiestan de manera distinta según el s**o.
Las diferencias en la presentación clínica de las enfermedades son un ejemplo claro. Las enfermedades cardiovasculares, principales causas de muerte en mujeres, suelen manifestarse con síntomas menos típicos que en los hombres, como náuseas, fatiga o dolor mandibular. Esto provoca retrasos en el diagnóstico y menos intervenciones oportunas. En los registros latinoamericanos de accidentes cerebrovasculares, las mujeres presentan una mayor mortalidad y peores resultados funcionales, lo que evidencia la necesidad de criterios diagnósticos sensibles al género.
Durante la pandemia de COVID 19, estas brechas se hicieron más visibles: los diagnósticos de enfermedades cardiovasculares y cáncer disminuyeron más en mujeres que en hombres, probablemente debido a normas sociales y cargas de cuidado que limitaron su acceso a la atención. Además, existen diferencias biológicas en la respuesta a los medicamentos. Las mujeres reportan más efectos adversos y tienen un mayor riesgo de interacciones medicamentosas, en parte porque las dosis estándar históricamente se han basado en datos de hombres.
En el ámbito de la salud mental, las mujeres presentan tasas más altas de depresión y ansiedad, y una peor salud percibida. Sin embargo, los sesgos culturales pueden llevar a sobrediagnosticar trastornos emocionales en mujeres y a subdiagnosticarlos en hombres, quienes a menudo expresan malestar mediante irritabilidad, consumo de sustancias o conductas de riesgo. Enfermedades como la fibromialgia, que afectan mayoritariamente a mujeres, enfrentan barreras diagnósticas debido al desconocimiento médico y a la falta de pruebas específicas.
Factores sociales, como la desigualdad en la toma de decisiones sexuales, el estigma y las responsabilidades de cuidado, también influyen en el acceso a los servicios de salud sexual y reproductiva. Los sesgos de género afectan la interpretación de los síntomas: los de las mujeres suelen minimizarse o atribuirse a causas psicológicas, mientras que los de los hombres reciben menos atención preventiva debido a expectativas culturales de fortaleza. En el entorno laboral sanitario, las mujeres reportan una mayor violencia y estrés ocupacional.
Reducir estas brechas requiere datos desagregados por s**o y género, formación profesional con perspectiva de género, la inclusión de mujeres en la investigación y el liderazgo, y políticas que aborden las barreras sociales. Reconocer estas diferencias no solo es un acto de justicia, sino también una condición esencial para mejorar la salud de toda la población.