26/12/2025
Jesús no practicaba yoga.
Jesús era Yoga.
Su vida fue una práctica encarnada,
una respiración sostenida en el amor,
una presencia que habitaba el cuerpo con devoción.
La conciencia crística no pertenece a una religión,
es un estado del ser:
el recuerdo de la unidad,
la certeza de que no estamos separados.
Cuando dijo
“Ama a tu prójimo como a ti mismo”,
reveló Ahimsa como ley universal:
no dañar al otro porque el otro soy yo.
Cuando eligió la verdad, aun cuando dolía,
vivió Satya con cada palabra y silencio.
Cuando caminó sin aferrarse,
sin acumular,
sin necesitar,
encarnó Aparigraha,
la libertad de quien confía en lo invisible.
Su disciplina no fue rígida,
fue Tapas: el fuego interno que purifica.
Su pureza no fue moral,
fue Saucha: intención clara, corazón limpio.
Su gozo no dependía de las circunstancias,
era Santosha,
la paz que nace de saberse sostenido por Dios.
Jesús enseñó Svadhyaya cuando invitó a mirar hacia adentro,
a morir antes de morir,
a reconocerse en el silencio.
Y vivió Ishvara Pranidhana al rendirlo todo,
al entregar incluso el cuerpo,
confiando plenamente en el Amor.
Cuando dijo
“El Reino de Dios está dentro de ustedes”,
señaló el mismo espacio al que entramos
cuando cerramos los ojos y respiramos.
Cuando recordó que
“El cuerpo es templo”,
nos enseñó que la espiritualidad no escapa de la carne,
la habita.
La conciencia crística es presencia plena.
Es compasión en movimiento.
Es recordar que cada gesto puede ser oración.
No fue una postura.
Fue un estado de conciencia.
No fue un método.
Fue una forma de amar.
Yoga no como práctica,
sino como vida vivida en unidad.
✨🙏🏽