02/02/2026
Una pausa para el alma
Pasó el ruido, quedó la Patria. Tras días de intensidad electoral, es normal sentir que el sistema nervioso necesita un respiro. El miedo es un visitante ruidoso, al mismo tiempo, el amor y la coherencia son los únicos arquitectos capaces de construir un hogar para tod@s.
Esta imagen me recordó que, sin importar por quién hayamos decidido, el sol sale con la misma calidez sobre este suelo que compartimos. Haber votado con consciencia es un acto de paz personal; ahora nos toca el acto de valentía colectiva: recomponernos.
He escrito un artículo para quienes, como yo, creen en el respeto, la institucionalidad y la esperanza. Te invito a leerlo y a que junt@s soltemos el miedo para volver a encontrarnos.
La quietud tras el ruido: Reencontrarnos en el mismo suelo
El silencio que sigue a las elecciones suele ser más pesado que el bullicio de la campaña. Para muchos, hoy hay un n**o en el estómago que no se quita con resultados; es la huella de meses habitando el miedo, la incertidumbre o la confrontación. Pero si algo nos enseña la salud emocional, es que no podemos construir nada sólido sobre un sistema nervioso alterado.
Votar con consciencia no es simplemente elegir un nombre; es un acto de autonomía personal. Es decirle al país: "He pensado, he sentido y he decidido desde mi mejor versión". Si usted hizo eso, ya ganó y subió un peldaño: la de no dejarse arrastrar por el impulso ciego.
El miedo no construye casas
El miedo es una respuesta primitiva. Nos sirve para huir de un peligro inminente, es un pésimo arquitecto para diseñar una nación. Cuando permitimos que el temor al "otro" dicte nuestra forma de ser ciudadan@s, terminamos viviendo en una democracia de trincheras, no de hogares.
Hacer Patria hoy no es celebrar un triunfo ni lamentar una derrota. Hacer Patria es recuperar la capacidad de mirar al vecino, la vecina y familiares, sin buscar en su frente el color de su bandera. La institucionalidad que tanto amamos no son solo edificios o leyes; es la confianza invisible de que, a pesar de las diferencias, tod@s estamos sosteniendo el mismo techo.
El amor como decisión política
Hablar de Amor en política suele sonar ingenuo, pero es la fuerza más pragmática que existe. No es un amor romántico ni blando; es el compromiso ético de cuidar lo que es común.
• Amar la democracia es aceptar que el resultado es un espejo de nuestra diversidad.
• Amar la institucionalidad es entender que las reglas nos protegen a tod@s, sobre todo cuando no estamos de acuerdo.
• Amar al prójimo es reconocer que la angustia del que votó distinto a mí es tan real como la mía.
Soltar para avanzar
Pasar la página no significa olvidar nuestras convicciones, sino integrarlas. La certeza de haber votado a conciencia debe ser el ancla que nos permita soltar la ansiedad por el futuro. El futuro no sucede en un escritorio estatal; sucede en cómo nos tratamos hoy mañana en la fila del banco, en cómo educamos desde el respeto y en cómo decidimos no alimentar más el incendio del odio digital.
Hoy, la invitación es a respirar. A reconocer que nuestro valor como seres human@s y como costarricenses es innegociable y superior a cualquier periodo electoral. Hemos decidido. Ahora, nos toca la tarea más valiente: recomponernos para seguir perteneciendo. Con amor. Zamaris Jaén López.