08/03/2026
Una noche de conexión con uno mismo y con la divinidad que llevamos dentro es, en realidad, un regreso al origen. No es un encuentro con algo externo, sino un reencuentro con aquello que siempre ha habitado en silencio en lo más profundo de nuestro ser.
Cuando el ruido del mundo se apaga y la mente deja de correr detrás de preocupaciones, deseos y miedos, algo sagrado comienza a despertar. En ese silencio aparece una verdad sencilla pero poderosa: la chispa divina nunca estuvo fuera de nosotros. Siempre estuvo ahí, esperando que recordáramos quiénes somos.