10/03/2026
Es martes.
Acabo de salir de una ducha caliente que parece deshacer lentamente las tensiones del día. En Spotify suena Phil Collins, Another Day in Paradise, y mientras la música llena la habitación me doy cuenta de algo que llevo tiempo sintiendo.
Una necesidad sencilla, profundamente humana: ternura.
Abrazos.
Ese calor que aparece cuando alguien te mira y se alegra de que existas.
A lo largo de la vida damos mucho: cuidamos, sostenemos, trabajamos, acompañamos… y quizá llega un momento en que el alma también necesita ser sostenida. Porque el amor —en cualquiera de sus formas— tiene algo profundamente reparador: calma, ordena y devuelve una sensación básica de pertenencia.
En un tiempo lleno de ruido, confrontación y discursos extremos, a veces siento que olvidamos algo esencial: la feminidad no necesita renunciar a su naturaleza para ser fuerte. La verdadera fuerza también habita en la ternura, en la capacidad de nutrir la vida, de crear belleza y de transformar los espacios en hogar.
Siempre he amado la soledad, el silencio y la escritura. Pero amar la soledad no significa vivir lejos del amor.
Tal vez lo que estoy sintiendo no sea carencia.
Tal vez sea conciencia.
Una transformación silenciosa que me recuerda algo muy simple:
Los seres humanos nos alimentamos de amor.
De presencia.
De abrazos.
Dejen de luchar contra la naturaleza y libérense del dolor, el odio y la negación ❤️🩹
Si quieres leer el texto completo, puedes encontrarlo en mi web. ✨
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