04/04/2026
No, una mujer fuerte no es la que se endurece hasta no sentir ni el WiFi.
Y tampoco la que se pasa media vida tragando por amor como si eso diera medallas.
Creo que nos han contado bastante mal lo que significa ser mujer.
Por un lado, estaba la versión antigua: la buena mujer, esa especie de santa multitarea que comprende todo, perdona todo, aguanta todo y además sonríe bonito mientras se adapta a lo que haga falta.
Por otro, la versión moderna de escaparate: la mujer “empoderada” que parece que solo vale si vive cabreada, a la defensiva, compitiendo con todo lo que respira y despreciando cualquier rasgo femenino que no encaje con el personaje.
Y, sinceramente, ninguna de las dos me representa.
Antropológicamente, la mujer ha sido muchísimo más que un secundario bien peinado en la historia humana. La evidencia actual habla de cooperación entre mujeres, redes de apoyo, transmisión de conocimientos, lectura social fina y respuestas adaptativas al estrés muy ligadas a proteger vínculos y crear alianzas.
Además, la ciencia lleva tiempo observando que, en promedio, muchas mujeres muestran una sensibilidad mayor a ciertas claves emocionales y relacionales.
El problema no es sentir mucho.
El problema es no saber qué hacer con todo eso sin acabar agotada, hipervigilante o completamente desconectada de una misma.
Porque entonces una empieza a llamar intuición a la ansiedad, amor al autoabandono y fortaleza a convertirse en una piedra con eyeliner.
He escrito sobre todo esto en el blog, de forma bastante más profunda y también bastante más incómoda: la naturaleza femenina, la mujer actual, la confusión de ciertos feminismos y la necesidad de volver a una feminidad más consciente, más inteligente y bastante menos caricaturizada.
Léelo completo en mi web.
Porque una cosa es opinar sobre la mujer.
Y otra muy distinta es entender de verdad lo que vive por dentro.
www.christyrepetto.com