01/02/2026
Las recientes medidas coercitivas anunciadas por el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, contra Cuba no constituyen solo una decisión política o económica. Son, ante todo, acciones que tienen un impacto directo, profundo y doloroso sobre la vida cotidiana de millones de personas, y de manera muy especial, sobre la salud pública cubana.
Cuando se endurecen las sanciones, no se castiga a un sistema político: se limita el acceso a medicamentos, se obstaculiza la adquisición de insumos médicos, se encarece la tecnología sanitaria y se dificulta el mantenimiento de equipos esenciales para el diagnóstico y el tratamiento de enfermedades. En un sector como la salud, donde el tiempo, los recursos y la cooperación internacional salvan vidas, cada restricción se traduce en sufrimiento humano.
El sistema de salud cubano, reconocido internacionalmente por su carácter universal, preventivo y solidario, ha demostrado una enorme capacidad de resistencia y compromiso ético. Sin embargo, ninguna vocación, ningún sacrificio del personal sanitario puede sustituir el acceso estable a reactivos, piezas de repuesto, medicamentos de última generación o tecnologías modernas, muchas de las cuales están sujetas a restricciones financieras y comerciales derivadas de estas medidas coercitivas.
Las consecuencias se sienten con mayor fuerza en los grupos más vulnerables: pacientes oncológicos, personas con enfermedades crónicas, niños, adultos mayores y mujeres embarazadas. Se afectan programas de atención, se retrasan tratamientos, se elevan los costos y se multiplica la presión sobre hospitales y profesionales de la salud que, aun en condiciones adversas, continúan cumpliendo su deber con dignidad y humanismo.
Desde el punto de vista ético y del derecho internacional, resulta inaceptable que la salud sea utilizada como instrumento de presión política. El acceso a la atención médica y a los medicamentos es un derecho humano fundamental, no una moneda de cambio en conflictos entre gobiernos.
Hoy, más que nunca, corresponde alzar la voz desde la ciencia, desde la medicina y desde la conciencia humana. Defender la salud pública cubana es defender la vida, la cooperación entre los pueblos y el principio elemental de que ningún bloqueo, ninguna sanción, debe interponerse entre un paciente y la posibilidad de sanar.
La historia juzgará no solo las decisiones políticas, sino también la capacidad de la comunidad internacional para actuar con justicia, sensibilidad y respeto por la vida humana.
Muchas gracias. Los calixteros estamos con el ejército de batas blancas dispuestos a darlo todo por la patria.
Gobierno de La Habana Ministerio de Salud Pública de Cuba Dirección Provincial de Salud La Habana José Angel Portal Miranda Dr. Manuel Rivero Abella Iliovanys Betnacourt
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