01/01/2026
¿CRISTIANISMO PAGANIZADO O PAGANISMO CRISTIANIZADO?
Por Abraham Sánchez
Con la conversión de Constantino no cambió el paganismo a cristiano: quien se paganizó fue el cristianismo.
Constantino no se convirtió: usó el cristianismo. Esta conversión es la mayor obra artística de Satanás.
El cristianismo fue engañado al dejar de ser perseguido: pasó a ser el perseguidor. Solo una mente superior puede hacer eso. Todavía lo sostiene con éxito creciente a través de mentes superiores rendidas a su servicio.
Pero la persecución es la bandera de la religión verdadera. No entender eso ni aceptarlo, es exactamente el triunfo de Satanás. La persecución comienza con la lucha de creencias; con lo resistente del error; con el acoso de la tradición; con la hostilidad y la complacencia que odia el testimonio verdadero, que ama lo popular.
No vivimos en un mundo cristiano: vivimos en un mundo que es peligroso para el cristianismo original al cual le robaron su nombre. El cristianismo vive en una cultura en la que perdió casi del todo su identidad original.
El cristianismo no está en una posición más ventajosa después de Constantino: es todo lo contrario. Pero siempre hay unos pocos que no negaron su nombre: "porque aunque tienes poca fuerza, has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre" (Apocalipsis 3:8).
Para que el cristiano pueda aprovechar las ventajas del cristianismo original, tiene que revivirlo en la vida personal al menos, o tendría que despertar colectivamente. Es obvio que la mayoría dormida no lo entenderá bajo el hechizo de la serpiente que ahora es dragón.
No vivimos en época de cristianismo original. Que el cristianismo sea popular y legal no le otorga el calificativo de "estar en ventaja". Más bien está derrotado. Embebido en las distracciones paganas por las que rivaliza. El siglo IV solo inició una avalancha de prácticas y costumbres que nos hechizaron.
No hay nada de malo en celebrar momentos históricos, personales, familiares, y sociales. Lo malo es celebrar momentos propios del paganismo. Momentos que envuelven un culto pagano o la tradición del mismo en cualquier medida.
El día de los padres, el de la madre, etc., no necesariamente tienen su orígen en una fiesta pagana. Pero son fiestas que hacen tributo al comercio. Pero porque haga tributo al comercio no debemos satanizarla, porque nadie escapa al comercio ni puede ni debe hacerlo. De hecho, nuestro derecho de comprar y vender debemos defenderlo.
Pero tenga cuidado: no es lo mismo hacerle fiesta a mamá o a papá que envolverse en el espíritu de una fiesta social donde Satanás impera. ¿De qué manera impera en nosotros?: cuando una madre no se siente amada porque no le hicieron regalos ese día; o que el hijo no se sienta dichoso o agradecido porque no hizo regalo ese día.
Si se hace de una fecha la razón de una satisfacción que debe ser permanente y de todo el año, entonces estamos engañados por la cultura. Mamá y papá deben ser honrados todo el año. Igual pasa con muchas otras cosas.
Sin embargo, si en ese día la sociedad le presta las condiciones y el tiempo para reunirse con la familia en casa de papá y mamá, (por ejemplo que el domingo todos los hijos estamos libres) ¡no se complique con eso!! Reunirse en familia no tiene precio. No anteponga una cosa secundaria ante lo más importante.
Es como no dejarse morir de hambre aún cuando es una comida sacrificada a los ídolos que en realidad no existen.
En otras palabras, ¡no use una enfatización cristiana para importantizar algo que no tiene más trascendencia que la que usted le ponga! Al fin y al cabo, en el paganismo no está el origen de esas celebraciones, como sí es el caso de la Navidad. Y no quiero decir que entre los paganos no había fiestas a los papás o a las mamás.
La celebración del nacimiento de Cristo en la fecha de diciembre, no es una ocurrencia de celebrar una fiesta familiar o nacional cualquiera; ni siquiera es una fiesta que tiene un solo propósito comercial: es la introducción al cristianismo de una fiesta ciento por ciento pagana. Y más aún: es la desnaturalización del nacimiento verdadero de Cristo. Fue un logro de Satanás.
Satanás supo del nacimiento de Cristo desde el Edén. Así que muy pronto introdujo la figura de un nacimiento virginal pero relajada. Todo envuelta en un culto idolátrico. Sobre todo en la cultura cananea postdiluviana.
No es lo mismo celebrar la independencia de la patria que la cristianización del paganismo descrito en la Biblia como "la apostasía", "el cuerno pequeño", lo que "echa por tierra la verdad", etc. De todos modos, y aunque nos alegramos de tener patria en independencia, la fiesta de independencia de la patria no es un ambiente en el que el cristiano puede estar presente.
No es verdad que la Navidad introduce en la sociedad el espíritu de la abnegación y la humildad divina: todo lo contrario, introduce la p***a, la desigualdad, la vanidad, el derroche, la exhibición, el glamour demoníaco, etc.
La Navidad deja a millones de personas chasqueadas emocionalmente; las deja endeudadas, entristecidas por la impotencia de la competición que trae. Gente suicidada. No es cierto que el espíritu de la Navidad tenga un balance positivo de bienestar real. Nadie está más cerca de Dios por causa del espíritu de la Navidad.
De hecho, el que se siente más cerca de Dios por causa de una época o tradición secular, está lo más engañado que se puede estar. Cuando pasa la fecha, se va con ella la nostalgia.
La celebración del Purim judío introducido por Mardoqueo, es una celebración auténtica que tiene su orígen en la cultura judía como un logro de su fe en Dios. Su celebración es en el marco de una cultura de triunfo espiritual. Aunque en Ester no se menciona a Dios, es mentira que Él no está presente. Y celebrar es cosa normal de humanos. Lo malo es convertir lo pagano a cristiano y justificarlo.
En lo que a celebración se refiere, recalcamos que celebrar no es malo. Jesús celebraba fiestas. Por ejemplo, Jesús celebró la fiesta de las luces que no fue ordenada por Moisés al pueblo o por Dios a Moisés. Fue una fiesta introducida por los macabeos. Algo que memora un logro del pueblo de Dios.
Introducir fiestas por motivo de nuestra religión y en nuestro cultura religiosa auténtica, o en nuestro costumbre y memoria familiar, o incluso en nuestra costumbre comunal o social, no tiene nada de malo e incluso sería antisocial y antiafectivo no hacerlo.
Pero asimilar la cultura del poder definido directamente como el que se opone a Dios y se sienta en el templo de Dios como Dios, y predicha con antelación en la profecía, es otra cosa que merece nuestro rotundo rechazo.
En el caso de los judíos y las fiestas de ellos en las que Jesús participaba, tengamos presente que se hacían dentro del marco de su religión divina. Aunque fueran una tradición cultivada en sus costumbres, no tenían para nada un origen del paganismo.
De todos modos, no perdamos de vista que toda fiesta social envuelve un espíritu en el que difícilmente un cristiano quepa. Más si no es una sociedad convertida o escogida.
De hecho, para nadie es un secreto que Jesús se negaba a asistir a las fiestas judías de su tiempo aún cuando eran ordenadas por Jehová. No porque hubieran caducado sino por el rumbo que habían tomado, que se apartaba de la intención del espíritu verdadero. Hasta Jehová se cansó de ellas y les dijo:
"No me traigáis más vana ofrenda; el incienso me es abominación; luna nueva y día de reposo, el convocar asambleas, no lo puedo sufrir; son iniquidad vuestras fiestas solemnes. Vuestras lunas nuevas y vuestras fiestas solemnes las tiene aborrecidas mi alma; me son gravosas; cansado estoy de soportarlas" (Isaías 1:13-14).
Lo cierto es que la presencia de Jesús en cualquiera de las fiestas sagradas de su tiempo tenían un propósito que Dios le indicaba y hacía una manifestación que a todos les era evidente. De otra manera no se animaba a asistir.
Es válido que una fiesta que no tiene ordenamiento divino la desviemos a algo positivo. Entiéndase que una fiesta tan impositiva, por ejemplo la Navidad, que no es posible enajenarse de ella si se vive en la ciudad o en rose con ella, debamos buscarle una alternativa.
Elena White hace recomendaciones muy claras en ese sentido. Propone reunir en casa a los más jóvenes e inculcar en sus mentes los valores reales de la abnegación del Cristo encarnado. Es una pena que la juventud cristiana crece en culturas donde los valores auténticos del cristianismo han sido tragados por la cultura al punto que tengamos que distraerlos como inmaduros.
De hecho, no es cosa de la juventud: los mismos adultos necesitan que en su iglesia se encienda un arbolito para que se desvíen del influjo impositivo de la tradición y practiquen los nobles motivos de la humildad del Cristo encarnado.
Si no estamos más conectados con el espíritu del cristianismo primitivo que con el espíritu de la Navidad, no entenderemos a Elena White en su aspiración de introducir alternativas ante lo que es un ambiente pagano envolvente. Lo veremos como su deseo.
Particularmente creo que esa perplejidad existe solo porque hemos ignorado otras recomendaciones sobre nuestro espacio de vivir. Es una cadena que arrastra otra.
Pero lo mejor que podemos hacer ante lo inevitable e impositivo de la Natividad es reunir a la familia presa de la circunstancia, y crearles conciencia del verdadero objetivo de la encarnación, y narrarles el contraste de una abnegación genuina distinta a la fingida que el cristianismo actual ha comprado.
Pero superior aún es salir de en medio de ella. Permanecer en la catacumba. ¡No creerle a Constantino!
Bendiciones.
Abraham Sánchez 👈
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