27/12/2025
En Navidad no siempre faltan los abrazos… a veces lo que sobran son los malos entendidos.
Las discusiones, las incomodidades y las riñas casi nunca nacen del momento, sino de expectativas que nadie dijo en voz alta.
Esperamos que todos estén felices, que piensen igual, que quieran lo mismo.
Pero cada miembro de la familia vive la Navidad de una forma distinta:
para unos es celebración, para otros descanso, para algunos tradición, y para otros simplemente un día más.
Cuando no hablamos de lo que esperamos —quién quiere qué, cómo, cuándo y hasta dónde—, dejamos espacio a la frustración.
Por eso, más que regalos o cenas perfectas, la Navidad necesita conversaciones honestas y expectativas reales.
Hablar antes, escuchar sin juzgar y entender que no todos viven la fecha igual puede cambiarlo todo.
Quizás ahí esté el verdadero espíritu navideño:
no en que todo sea perfecto, sino en acordar juntos qué significa la Navidad para cada uno.