03/12/2025
👉👉 Cada vez que le gritas a un niño, su cerebro no piensa en “me están enseñando”… piensa en “estoy en peligro”. El cuerpo libera cortisol, la hormona del estrés, y su sistema nervioso se activa como si tuviera que defenderse de un enemigo.
Ese estrés constante no educa. Lastima.
Y un cerebro en alerta deja de aprender, deja de confiar y empieza a sobrevivir.
Cuando un niño es regañado con gritos, insultos o humillaciones, su cerebro aprende a tener miedo de quien debería ser su refugio.
Ese miedo no desaparece… se acumula.
Y se convierte en ansiedad, en inseguridad, en lágrimas guardadas… en un corazón que empieza a creer que “no es suficiente”.
Pero también es verdad que educar no es fácil.
A veces hay que corregir, poner límites, marcar reglas.
La clave no es no corregir, la clave es cómo lo haces.
Por eso, los psicólogos recomiendan estas tres formas de educar sin lastimar el cerebro ni la autoestima de un niño:
1. Corrige la conducta, no la persona
En vez de decir:
“¡Eres un desastre!”
di:
“Esto que hiciste está mal, y vamos a corregirlo juntos.”
El cerebro entiende la diferencia entre ser malo… y hacer algo que hay que mejorar.
2. Habla firme, pero sin gritar
La firmeza se escucha en el tono, no en el volumen.
Un adulto que controla su voz enseña algo más poderoso que la disciplina: enseña autocontrol.
3. Explica el porqué, no solo el “porque sí”
Los niños no aprenden por miedo, aprenden por comprensión.
Cuando entienden la razón detrás de un límite, su cerebro coopera, no se defiende.
Educar desde el amor no significa dejar pasar todo.
Significa enseñar sin romper.
Corregir sin herir.
Guiar sin que tengan que temerte para escucharte.
Porque un niño que se siente seguro… también aprende mejor, crece mejor y ama mejor. 🩷