17/03/2026
Hoy mi corazón siente una profunda gratitud hacia Dios por haber puesto en mi camino a un sacerdote que fue durante tantos años un verdadero padre y guía espiritual en mi vida.
En muchos momentos de mi historia, especialmente en los más difíciles, él estuvo ahí: cercano, atento, cuidando mi corazón, recordándome siempre con tanta firmeza y ternura: “No estás sola, hija… al ataque, sigamos al ataque.”
Su presencia fue un regalo de Dios, no solo para mí, sino también para mis hijos, a quienes siempre miró con cariño y por quienes también oraba y se preocupaba.
Uno de los detalles más significativos que me dejó fue un rosario con la imagen del Padre Pío, un santo que siempre ha sido muy especial para mí… y también lo era para él. Recibir ese rosario de sus manos fue mucho más que un regalo: fue un legado espiritual, un recordatorio de la fe que sembró en mi corazón y de la cercanía de Dios en cada etapa de mi vida.
Humanamente, su partida duele… y duele mucho. Sé que su presencia física me hará una enorme falta. Pero también sé que el amor, las enseñanzas y la fe que sembró permanecen.
Hoy ese rosario en mis manos se convierte también en oración por su alma, confiando en que ahora descansa en la presencia de Dios.
Gracias, Padre, por su cercanía, por su guía y por haber sido un instrumento tan hermoso del amor de Dios en mi vida.