10/06/2020
México Antiguo
Los videntes "Toltecas , Nahualli , Tetlachihui o Tlahueliloc" o distintas variantes para los sabios , de hecho, fueron los maestros supremos del arte de estar consciente de ser.
Cuando digo que sabían cómo inmovilizar la atención de sus víctimas, quiero decir que su conocimiento y sus prácticas secretas les permitieron romper el misterio del estar consciente de ser.
Don Juan explicó entonces que su uso del término “tolteca” no correspondía a la manera como yo lo usaba. Para mí significaba una cultura, el imperio tolteca. Para él, el término “tolteca” significaba “hombre de conocimiento”.
Dijo que en la época a que se refería, siglos o tal vez incluso milenios antes de la Conquista española, todos aquellos hombres de conocimiento vivían dentro de una vasta área geográfica, al norte y al sur del valle de México, y que se dedicaban a ocupaciones específicas: curar, embrujar, hacer relatos, bailar, ser oráculos, preparar alimentos y bebidas.
Tales ocupaciones fomentaban un conocimiento específico, un conocimiento que los diferenciaba del hombre común y corriente. Por otra parte, esos toltecas eran personas que encajaban en la estructura de la vida cotidiana, muy a la manera en que lo hacen en nuestra época los médicos, artistas, maestros, sacerdotes y hombres de negocios.
Practicaban sus profesiones bajo el estricto control de cofradías organizadas y llegaron a ser expertos tan influyentes que incluso dominaron todas las áreas vecinas.
Esos conquistadores -continuó- se apoderaron del mundo tolteca, se apropiaron de todo, pero nunca aprendieron a ver.
-¿Por qué cree usted que nunca aprendieron a ver? -pregunté.
-Porque copiaron los procedimientos de los videntes toltecas sin tener el conocimiento interno que los acompaña.
Hasta la fecha hay cantidades de brujos por todo México, descendientes de esos conquistadores, que siguen imitando a los toltecas, pero sin saber lo que hacen, o lo que dicen, porque no son videntes.
-¿Quiénes fueron esos conquistadores, don Juan?
-Otros indios -dijo-. Cuando llegaron los españoles, los antiguos videntes habían desaparecido hacía ya siglos.
(…) nuestro raciocinio, por sí solo, no puede proporcionarnos una respuesta a la razón de nuestra existencia.
Cada vez que trata de hacerlo, la conclusión es siempre un asunto de fe y credo.
Los antiguos videntes toltecas tomaron otro camino, y por cierto llegaron a otra conclusión que no tiene que ver con la fe y el credo
Se deslizó sobre las baldosas y los ladrillos oscuros que obedecían a un viejo diseño tolteca, colocado por el propio Isidoro Baltazar, dibujo que unía a generaciones de hechiceros y ensoñadores a través de las edades en una maraña de secretos y hazañas de poder…
Su enseñanza, o más bien la de la tradición de videntes a la que él pertenecía, parte del hecho de que el universo es dual, está formado por dos fuerzas que los antiguos videntes simbolizaban mediante dos serpientes que se entrelazan.
Pero esas fuerzas no tienen que ver con las dualidades que llamamos bien y mal, Dios y diablo, lo positivo y lo negativo, o cualquier otro tipo de oposición en la cual podamos pensar coherentemente. Más bien, conforman una inexplicable onda de energía que los toltecas denominaron el tonal y el nagual.
A ese tipo especial de atención le llamaron “ensueño”, y lo usaron para explorar la energía oscura con deliberación y entrar en contacto con la fuente del universo.
De esa manera, la observación inicial de los sabios toltecas se convirtió en un conocimiento práctico.
El asunto de las plantas es muy delicado. Si quieres entenderlo, tienes que abandonar la visión folklórica que tiene casi todo el mundo sobre los brujos.
Los verdaderos guerreros toltecas no son fanáticos del doping ni de nada; su conducta está estrictamente dictada por la impecabilidad.
“La enseñanza tolteca enfatiza el ensueño. No importa cómo se le describa, su resultado es convertir el caos perceptivo de un sueño común en un espacio práctico, donde podemos actuar inteligentemente.”
“Ese tipo de atención sobre un animal da como resultado una pieza de caza. Si lo aplicamos sobre otra persona, produce un cliente, un discípulo o un enamoramiento.
Y sobre un ser inorgánico, nos proporciona lo que los brujos llaman ‘un aliado’. Pero sólo si aplicamos el acecho sobre nosotros mismos, puede ser considerado un arte tolteca, porque entonces produce algo precioso: conciencia.”
“El poder de esa visión ha llegado hasta la actualidad. Todos los naguales de los que tengo noticia fueron toltecas, es decir, unos artistas consumados.
Unieron el control impecable de sus emociones a la elevada sensibilidad estética que les proporcionaban sus experimentos de conciencia. El resultado fue una inaudita capacidad para comunicar sensaciones y para deslindar experiencias con las que otros hombres se enredarían y terminarían balbuceando incoherencias.
“Todo lo que quieres saber sobre tu país, ¡ve y descúbrelo por ti mismo! Como mexicano, tú eres el más indicado para recuperar el mensaje tolteca. Esa es tu tarea, tu compromiso ante el mundo. Si eres tan flojo que no puedes asumirlo, alguien más lo hará.”
Añadió que la ciencia moderna no ha logrado penetrar en la enseñanza tolteca porque no tiene la metodología apropiada, no porque los principios del brujo y del científico sean intrínsecamente incompatibles
“Al contrario de lo que muchos piensan, la necesidad de corroborar no es exclusiva de la cultura occidental, también es un imperativo en la tradición tolteca.
El nagualismo, como sistema ideológico, no se basa en dogmas, sino en la experiencia personal de generaciones de practicantes. Sería absurdo considerar que todas esas personas, durante miles de años, han estado depositando su confianza en simples patrañas.
“Como su punto de partida es la experimentación, se puede decir que el nagualismo no es una forma de creencia, sino una ciencia.”
“Lo irónico es que, de hecho, los humanos sí nos dividimos en dos grupos: quienes disipan su energía y quienes la conservan.
A estos últimos puedes llamarles como quieras, brujos, toltecas, iniciados; da igual que tengan maestro o que no lo tengan. Su realidad luminosa es tal, que están a un paso de la libertad.
Lo que nadie puede enseñarles, los guerreros lo obtienen de sí mismos escuchando los comandos silenciosos del espíritu.
“Por lo tanto, la regla para los videntes de la nueva era es la preparación, ese es su sello distintivo.
No sólo deben prepararse en las artes de la brujería, sino que, además, deben cultivar su mente a fin de saberlo y entenderlo todo. El intelecto es hoy el consuelo del tolteca, tal como antaño lo fue la afición por los rituales.
Con el paso del tiempo, el anciano lo tomo como aprendiz y le introdujo en una dimensión totalmente desconocida para el hombre moderno: la sabiduría tradicional de los antiguos videntes toltecas, comúnmente conocida como “brujería” o “nagualismo”.
-Don Juan 👳♀️🐝🌵🍄🔮