31/01/2026
Uma madre embarazada huía de la guerra civil en Somalia, arrastrando a cuatro niños pequeños a través de 600 kilómetros de tierra, atrás, dejaba su tierra, su campo y aquel lugar donde había vivido y caminaba hacia un futuro desconocido para ella.
Pero el verdadero peligro no estaba solo en el horizonte, sino en su propio vientre al estar embarazada de nueve meses.
Corría el año 1997 y Mumina Ali justo al llegar a la frontera con Kenia, colapsó para dar a luz. Allí, sin médicos, sin medicinas y bajo un refugio improvisado de plástico que apenas frenaba el viento, dio a luz a una niña.
Fue en ese momento de vulnerabilidad absoluta cuando personas refugiadas empezaron a susurrarle que la dejara, que no que continuará sola.
Le insistían en que una recién nacida no sobreviviría a la travesía restante y que, si intentaba cargarla, pondría en riesgo a sus otros cuatro hijos.
-"Tienes que correr", le decían. "Déjala atrás".
Pero Mumina miró a esa pequeña criatura y se negó a soltarla. La llamó Hamdia (que significa "alabanza" o gratitud) y, contra todo pronóstico, caminó tres días más con ella en brazos hasta llegar al campo de refugiados de Dadaab.
Una vez allí, la familia vivió siete años en una choza de barro, con el padre empujando carretillas para conseguir comida y los niños jugando con palos como juguetes.
En el 2005 por fin recibieron la noticia de su reasentamiento en Estados Unidos, sin embargo, otra familia les había hurtado las tarjetas de identificación para subir ellos al avión suplantando sus identidades.
Gracias a la agudeza de un trabajador de la ONU, que notó en el último segundo lo que hicieron, evitó que la familia Ali se quedara atrapada para siempre en el olvido.
Hamdia, la niña que "no debía sobrevivir", creció y aprendió inglés; mientras otros jugaban, ella traducía para sus padres en los hospitales y dormía en salas de espera para no perder clases al día siguiente.
Esas ganas de aprender la llevó a convertirse en la primera mujer en usar hiyab en el certamen de Miss Maine, pero no se detuvo en la pasarela.
Llevó su voz hasta las Naciones Unidas para exigir educación a los niños que, a diferencia de ella, no lograron salir de los campamentos. Y años más tarde se convirtió en la primera de su familia en graduarse de la universidad y obtener una maestría en Políticas Públicas.
Veinticuatro años después de aquel día en el desierto, Hamdia Ahmed se puso la toga de graduación. En las gradas, observándola, estaba Mumina, la mujer que dos décadas atrás ignoró al mundo entero cuando le dijeron que esa niña sería una carga imposible.
Al final, el tiempo le dio la razón a la madre: aquella carga resultó ser su mayor bendición.
Fuentes del post en UNICEF USA. (2018). Once a Refugee, Somali-American Hamdia Ahmed Speaks Up for Migrants. Ahmed, H. (2019/2023). Registros y testimonios públicos, Universidad del Sur de Maine (USM).