21/06/2020
CADENA PERPETUA: POPULISMO PURO Y DURO
Según sus defensores, este proyecto garantizará y protegerá definitivamente los derechos de los menores, y así se solucionaría un problema que parece infinito. Una ley como esta da una ilusoria sensación de tranquilidad. Se hace creer que con ello se resolverá el problema, pero detrás de eso están absolutamente descuidadas y no intervenidas las causas estructurales de estos delitos.
Esta medida es una cortina de humo, la propuesta obedece al uso del populismo punitivo. Este tipo de iniciativas son utilizadas por los gobiernos para generar votos y aceptabilidad política, más en tiempos de crisis como el actual, generando en el pueblo una falsa percepción de seguridad. La prisión perpetua para agresores sexuales contra menores no garantiza ni protege los derechos de los niños, niñas y adolescentes, incluso puede resultar peligroso para la víctima. Es imposible hablar de que se protege la vida de un niño al encerrar en la cárcel de por vida a quien cometió el delito cuando la vida del niño no estuvo protegida previamente. ¿Qué pasa en una sociedad en la que decenas de niños y niñas estén bajo la amenaza de ser victimizados sin que esto genere un escándalo? ¿Por qué el alboroto solo se genera cuando se identifica la brutalización?
Las soluciones a los problemas de seguridad y vulneración de derechos se concentran en decisiones de carácter penal, mediante incrementos drásticos en las p***s o creación de nuevos tipos penales. Tienen una eficacia limitada y debatible frente a la prevención de la criminalidad, e igualmente podrían agravar problemáticas ya existentes. Los efectos en el sistema carcelario pueden verse no sólo en el hacinamiento, sino también en la falta de recursos disponibles para la garantía de condiciones y derechos de los presos, sin embargo, a pesar de todos los inconvenientes demostrados sobre este tipo de medidas, éstas presentan un alto grado de favorabilidad en la opinión pública y, generan unos réditos políticos significativos para quienes se manifiestan a favor de ellas.
En la pena de cadena perpetua, se consolida una definición del sujeto agresor, como aquel que no es susceptible de ser corregido, no puede controlar sus impulsos y debe ser castigado con severidad por sus actos, para limitar cualquier posibilidad de que nuevamente ocurra algo similar.
En este contexto, es importante la comprensión del carácter histórico y de la estructura económico-social, para evitar lecturas desconectadas del todo social. Las p***s carcelarias funcionan como una herramienta de defensa clasista de la estructura social contra las masas empobrecidas. La tendencia del sistema penal a la ampliación del catálogo de delitos -inflación punitiva- sirve a la legitimación del sistema social.
La pena incluye la venganza de la sociedad cayendo sobre el criminal, que, acompañada por su penitencia y sus remordimientos, se alía el castigo corporal con el moral, la tortura física con el “arrepentimiento”. Esa es la intención con la que se aplica la pena, se esconde el argumento de la ligazón del castigo profano con el arrepentimiento y la expiación, predicados por la religión cristiana.
Según Marx, el castigo en general ha sido defendido como un medio de amilanar o intimidar a otros. ¿Qué derecho tienen a penarme para amilanar o intimidar a otros? ¿Cómo así le reconocemos tanta legitimidad al Estado burgués para imponer una pena, como medio para trasmitir un mensaje a la sociedad? El escenario del sistema penal actual evidencia la primacía de una criminalidad selectivizada, predominantemente subproletaria y marginal propia del capitalismo contemporáneo e inherente a las necesidades del capital. Son principalmente individuos empobrecidos que el Estado burgués necesita controlar.
El control penal sirve a los efectos de disciplinar y segmentar a la clase desposeída, a la vez que invisibiliza y encubre los delitos de los poderosos. En base a ello, el genuino fin de la pena es la defensa de los intereses anclados en este sistema económico-social. ¿Qué clase de sociedad es ésta que no conoce un mejor instrumento para su propia defensa que el del propio asesino, y que proclama a través de los diarios del mundo su propia brutalidad como ley eterna?
No cabe preguntarse si el crimen responde solo a causas psíquicas, más vale interrogarse sobre si no existe una necesidad de reflexión profunda acerca de la transformación del sistema que hace nacer estos crímenes, en lugar de glorificar al asesino que encarcela perpetuamente a los criminales para hacer lugar a nuevos que suplantarán a los encarcelados. Las raíces de la criminalidad, antes que en el carácter “antisocial de la conciencia y la voluntad individuales”, se encuentran en el carácter antisocial e inhumano de la sociedad capitalista.
No hay discusión en que el bienestar de los niños, niñas y adolescentes debe y los actos de violencia contra ellos no son justificables. Sin embargo, no debemos caer en el espejismo de suponer que la cadena perpetua ofrece la receta mágica para evitar la violencia atroz contra los menores de edad.