14/03/2026
BOLETÍN DE PRENSA
Quito, 13 de marzo de 2026
El Observatorio Permanente de la Salud Pública, junto a médicos y profesionales sanitarios del país, alertó sobre el grave deterioro del sistema de salud en Ecuador y exhortó al Gobierno Nacional a adoptar medidas urgentes para evitar su colapso.
Los médicos señalaron que el sistema enfrenta desabastecimiento de medicamentos, deterioro hospitalario, retrasos en pagos a prestadores externos, debilidad institucional y falta de personal, lo que afecta directamente la atención a los pacientes.
También advirtieron que el presupuesto para salud se mantiene alrededor del 2,2 % del PIB, muy por debajo del 6 % recomendado por organismos internacionales, lo que limita la capacidad del sistema sanitario.
El pronunciamiento cuestiona la falta de planificación y liderazgo del Gobierno para enfrentar la crisis y propone la creación de un Sistema Nacional Integrado de Salud que garantice un seguro universal.
Además, exige compra urgente de medicamentos, pago a prestadores y declaratoria de emergencia sanitaria para estabilizar el sistema.
Observatorio Permanente de la Salud Pública.
CARTA PÚBLICA AL GOBIERNO NACIONAL
A los médicos del Ecuador y al pueblo ecuatoriano
CRISIS SANITARIA EN CAÍDA LIBRE Y UN PRESIDENTE AUSENTE
Los médicos del Ecuador no podemos seguir guardando silencio mientras el sistema de salud del país se derrumba ante los ojos de todos y el presidente de la República demuestra una preocupante apatía frente al sufrimiento de los ecuatorianos.
Durante los dos primeros años de gestión del presidente Noboa ha quedado en evidencia una alarmante falta de interés, planificación y capacidad para conducir la política sanitaria del país. Se esperaba que, en el nuevo período presidencial, contando incluso con mayoría parlamentaria, el gobierno asumiera con responsabilidad la conducción del sistema sanitario y presentara un Plan Nacional de Salud serio, técnicamente sustentado y ejecutado por funcionarios capaces.
Pero nada de eso ha ocurrido.
Hoy el pueblo ecuatoriano enfrenta una de las crisis sanitarias más profundas de su historia reciente. Mientras los hospitales se deterioran, los servicios colapsan y los pacientes esperan atención durante semanas o meses, el gobierno responde con improvisación, indiferencia y ausencia de liderazgo. La salud del país agoniza sin respuesta del Estado ni de un gobernante que parece vivir distante de la realidad nacional, cercano a una preocupante ceguera emocional frente al sufrimiento social.
Ha quedado en evidencia que este gobierno nunca tuvo un verdadero plan de gobierno en materia de salud. No existían propuestas claras para transformar las condiciones sanitarias de la población ni equipos técnicos preparados para administrar un sistema de salud complejo y frágil.
Ante esa ausencia de cuadros técnicos, el gobierno ha terminado recurriendo incluso a funcionarios provenientes de estructuras políticas del pasado para ocupar posiciones clave en los subsistemas del Ministerio de Salud Pública (MSP) y del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS), evidenciando que nunca logró construir equipos propios con experiencia en gestión pública sanitaria.
El discurso oficial prometía eficiencia y capacidad de gestión proveniente del sector empresarial privado. Sin embargo, la realidad que vive el país demuestra exactamente lo contrario: desorden institucional, improvisación y una crisis sanitaria cada vez más profunda.
En el Ministerio de Salud Pública han desfilado cinco ministros en un corto periodo de tiempo. Ninguno ha logrado consolidar una política sanitaria sostenida ni ofrecer soluciones estructurales a los problemas del sistema. Sus gestiones fugaces han dejado una estela de frustración, indignación y desconfianza.
Hoy, para agravar aún más esta crisis, el país ni siquiera cuenta con un Ministro de Salud titular, luego de que el presidente delegara la conducción sanitaria a la Vicepresidenta de la República.
La vicepresidenta no proviene del sector salud, no tiene experiencia en gestión sanitaria y su distancia con la realidad del sistema constituye una barrera evidente para la toma de decisiones urgentes que el país necesita.
Mientras tanto, los hospitales y centros de salud se deterioran aceleradamente. Cada día hay menos medicamentos, menos insumos, menos mantenimiento y menos personal. Los pacientes esperan atención por semanas o meses y el sistema público se debilita cada día más.
En días recientes hemos visto a la vicepresidenta viajar al extranjero para buscar ideas que permitan mejorar la gestión sanitaria del Ecuador, donde aparentemente ha descubierto la importancia de la Atención Primaria de Salud (APS), un concepto ampliamente conocido y trabajado por generaciones de médicos ecuatorianos desde hace décadas.
Sin embargo, mientras se buscan respuestas fuera del país, no se abren espacios reales de diálogo con los profesionales de la salud, las universidades, los gremios médicos ni los actores del Sistema Nacional de Salud, quienes conocen de primera mano la realidad del sistema y poseen la experiencia necesaria para construir soluciones.
La situación del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS) tampoco es mejor.
Hoy la gobernanza del Consejo Directivo del IESS se encuentra debilitada, con solo dos vocales en funciones y sin la presencia del vocal representante de los trabajadores.
En medio de esta crisis institucional ha renunciado el Director General del IESS, Dr. Marco Maldonado, por negarse a ser interventor del Hospital Teodoro Maldonado Carbo. Posteriormente, el Director del Seguro General de Salud Individual y Familiar, Dr. William Perugachi, asumió el cargo pese a que, según la Superintendencia de Bancos, no tendría las competencias requeridas para ejercerlo.
A ello se suma la designación del Dr. Daniel Rodríguez como interventor del Hospital Teodoro Maldonado Carbo de Guayaquil, un exfuncionario de esa misma unidad médica que actualmente enfrenta investigaciones judiciales relacionadas con su gestión durante la pandemia.
Estas decisiones no generan confianza ni estabilidad institucional. Por el contrario, profundizan la incertidumbre en uno de los sistemas de salud más importantes del país.
Pero la crisis sanitaria no se limita a la mala gestión institucional.
El Ecuador atraviesa además una grave crisis de seguridad. La violencia, el sicariato y la extorsión se han instalado en la vida cotidiana de la población y también han penetrado en los hospitales y centros de salud.
Médicos, enfermeras y trabajadores sanitarios han sido amenazados, extorsionados e incluso asesinados mientras cumplen su labor humanitaria. Hoy ejercer la medicina en Ecuador se ha convertido en una actividad de alto riesgo para los profesionales de la salud y sus familias.
A pesar de ello, los profesionales sanitarios continúan trabajando diariamente en condiciones precarias: hospitales desabastecidos, escasez de medicamentos, déficit de personal y una infraestructura cada vez más deteriorada.
Debemos decirlo con claridad: la crisis sanitaria del Ecuador no es responsabilidad de los médicos ni del personal sanitario.
Las fallas estructurales del sistema responden a años de debilidad institucional, a la falta de planificación y a la ausencia de políticas públicas sostenidas en el tiempo.
Por ello, hoy más que nunca, los médicos del Ecuador levantamos nuestra voz.
Exigimos al Gobierno Nacional que declare en emergencia la gestión y la atención del sistema público de salud, tanto en el Ministerio de Salud Pública como en el Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social, no como una maniobra política sino como una medida técnica necesaria para reconstruir un sistema gravemente debilitado.
La experiencia internacional demuestra que es posible construir sistemas de salud universales, sostenibles y de alta calidad cuando existe planificación, financiamiento adecuado y voluntad política.
El Ecuador debe avanzar hacia un modelo sanitario moderno, basado en la evidencia científica, en la planificación estratégica y en el respeto al derecho constitucional a la salud.
Desde los médicos comprometidos con el sistema público rechazamos categóricamente cualquier intento de responsabilizar al personal sanitario por las fallas estructurales del sistema. No aceptaremos que se estigmatice a quienes sostienen el sistema con su trabajo diario mientras el Estado incumple su obligación de garantizar recursos, infraestructura y condiciones adecuadas para la atención.
La protección del derecho a la salud exige reformas estructurales profundas, entre ellas:
La construcción de un verdadero Plan Nacional de Salud.
El fortalecimiento de la rectoría del sistema sanitario.
La inversión sostenida en infraestructura hospitalaria.
La formación y contratación adecuada de talento humano en salud.
La articulación efectiva entre el MSP, el IESS y el resto del Sistema Nacional de Salud.
Convocamos al gobierno y a su presidente a abandonar la improvisación y asumir la responsabilidad histórica que le corresponde.
Convocamos también a los médicos del Ecuador, a los profesionales de la salud y al pueblo ecuatoriano a defender el derecho a la salud como un derecho fundamental, porque cuando el sistema de salud colapsa no solo fracasa un gobierno: fracasa el Estado frente a su pueblo.
El Ecuador merece un sistema sanitario digno, eficiente y humano.
Y los médicos del Ecuador así lo exigimos.
Observatorio Permanente de la Salud Pública