02/06/2019
Querido Dr. Jack Bermeo, ningún reconocimiento puede siquiera compararse para mi (ni en su valor ni en su significado) con sus generosas palabras. Mas aún cuando estas provienen de un hombre con su trayectoria profesional y personal.
Tuve la suerte y bendición de crecer recibiendo la influencia de grandes médicos y aún mejores seres humanos, quienes con su sabiduría, entrega y compromiso transformaron y siguen transformando para bien la vida de los ecuatorianos. Su gran legado sembró en las nuevas generaciones, como la mía, un sentido de responsabilidad absoluta con nuestra noble profesión, con nuestros pacientes y con una sociedad más justa.
Aprendí de ustedes no solo la ciencia y el arte de la medicina, pero sobre todo a descubrir y entender una vocación que es mucho más que una carrera.
Nos enseñaron a descubrir la emoción incomparable de ayudar a traer una vida al mundo, y ese compromiso sin límites para salvar vidas y luchar por dar una mejor calidad de vida para los pacientes.
Nos enseñaron que jamás se termina de aprender, no solo de los libros sino que la práctica hace al maestro y que la determinación y la disciplina son el único camino al éxito, si existe tal cosa como el éxito en una rama donde la tarea nunca está realmente cumplida, porque siempre habrá alguien necesitado, adolorido u olvidado.
Quienes hoy a la luz de su legado, llevamos con honor la responsabilidad de aportar con la salud pública de nuestro país reconocemos con humildad que ninguno de nuestros logros sería posible sin los cimientos que levantaron nuestros maestros con su ejemplo y sus innumerables enseñanzas.
Gracias doctor Bermeo, mi gratitud por la forma tan generosa con la que se ha referido a mi trabajo y el camino que he recorrido para estar hoy aquí, y por reconocer las políticas en salud pública - que no son mías sino de más 80.000 personas que a diario se entregan a la salud pública.
Gracias por recordarme que los médicos no nos rendimos y que cuando más dura es la situación, mayor es nuestra templanza. Gracias por dejar de lado cualquier diferencia que podría llamarlo a guardar silencio en este momento, y preferir levantar la voz. La objetividad demuestra su calidad profesional y la valentía su calidad como ser humano.
Sus palabras, su mirada e incluso sus críticas siempre serán bienvenidas y apreciadas, con humildad, con respeto y la admiración de siempre.