13/02/2026
La música no es solo arte para nuestro cerebro, también es una terapia capaz de sostener funciones que la enfermedad degenerativa intenta derribar.
La neurociencia confirma que el entrenamiento musical y la terapia rítmica generan cambios físicos visibles en el cerebro (neuroplasticidad), creando nuevas conexiones que nos protegen contra el deterioro cognitivo.
Para pacientes con Parkinson, la música actúa como un "metrónomo biológico". Estudios clínicos demuestran que el ritmo externo puede puentear los circuitos motores dañados, ayudando a los pacientes a recuperar la marcha y, mediante el canto, a fortalecer la intensidad vocal que la enfermedad debilita.
En el caso del Alzheimer, la música revela una resistencia asombrosa. Las investigaciones indican que la "memoria musical" se almacena en regiones cerebrales distintas a las de la memoria episódica. Por eso, pacientes que no recuerdan su propio nombre pueden cantar canciones de su infancia completas; la música permanece preservada en un "búnker" neurológico al que la degeneración tarda más en llegar.
No es magia, es conectividad estructural. Tocar o escuchar música es una de las pocas actividades que activa casi todas las regiones del cerebro simultáneamente.
Fuentes en Särkämo, T., et al. (2014). Music, emotion, and dementia y Journal of Prevention of Alzheimer's Disease. Music interventions in Parkinson’s disease. La musicoterapia neurológica es una intervención complementaria para el manejo de síntomas, no una cura para enfermedades neurodegenerativas.