04/02/2021
acoge y 'respira tu propia experiencia...'🕯️
LA FALTA DE LOS PROGENITORES NOS "TOCA" NUESTRA SEGURIDAD A CUALQUIER EDAD EN EL DUELO
Siempre nos sentimos niños/as cuando mueren nuestros padres-madres o esos adultos que hicieron posible que yo sobreviviese al nacimiento y hoy esté aquí. Recuerda que estás aquí porque alguien antes te amó y cuidó.
Cuando estos seres mueren, tengamos la edad que tengamos, el sentimiento de orfandad anida, es una sensación nueva cuando asoma, con la que aprendemos a convivir el resto de nuestras vidas. Aparece nuestra vulnerabilidad e inseguridad... y echamos de menos sentir ese "puerto seguro" a donde volver cuando hay tormenta.
Hoy hablaba con M. cuyo padre y madre fallecieron por covid en la primera ola de la pandemia que vivimos mundialmente. Hablábamos sobre este sentimiento donde sientes que la seguridad en tu vida se queda "tocada" tras este tipo de muerte., sentimiento que también podemos vivirlo en relación con otros vínculos (pareja, hermanos, un buen amigo/a...) cuando han sido nuestro soporte incondicional.
Hablábamos que además no es fácil hablar de este sentimiento de inseguridad y desamparo; ya que al ser adultos/as, es bastante desautorizado expresarlo plenamente. Porque parece que nos portamos como "niños/as" indefensos/as.
La realidad es que creemos que estos seres que nos dan tanta seguridad, y más nuestros padres-madres, estarán ahí siempre, siempre. Parece que conectamos con una ilusoria idea de omnipresencia permanente...
Cuanta verdad!!...
Respirar esta experiencia, nos pone ante la realidad de la vida tal y como es, con la muerte hermanada. Y nos recuerda que todo pasa, a veces demasiado deprisa, todo, nada permanece, salvo el recuerdo vivido que permanecerá también mientras estemos en la vida. Dejar buenos recuerdos a quienes nos siguen también es tarea nuestra. Y será esa la manera de nutrir el vínculo que reforzamos con amabilidad, hacia nosotras primero y hacia nuestros seres queridos también, sin juicio y gratitud en el duelo.
De eso viviremos después. Gracias M. y a todas las personas que acompaño por hacerme reflexionar.
Izaskun Andonegi