09/04/2026
COVID, "BREXIT" Y GUERRA HAN HECHO A LA PESCA MÁS RESILIENTE, DIGITAL Y DIVERSA
Analistas de la UE certifican que ha superado «una prueba de estrés» inédita
Desde que ha doblado la esquina del 2020, el sector pesquero ha tenido que mostrar su lado más nietzscheano. Dar pruebas de eso de que «lo que no te mata te hace más fuerte». Y puede alardear de ello. Lo ha certificado Eumofa (Observatorio Europeo del Mercado de Productos Pesqueros y Acuícolas), que en su último estudio ha abordado el impacto de la pandemia, el brexit y la guerra de agresión rusa contra Ucrania en la cadena de la pesca y la acuicultura, comprobando que el sector ha podido superar esa «prueba de estrés sin precedentes» a la que estuvo sometido entre el 2019 y el 2024.
Fueron aquellas tres crisis que no llegaron al sector a modo de ondas gigantes aisladas, sino que cobraron forma de tren de olas, pues las tres «se superpusieron y se agravaron mutuamente, creando un período prolongado de tensión que reconfiguró las cadenas de suministro, la dinámica del mercado y el comportamiento empresarial en toda la cadena de valor de los productos acuáticos».
Ahora bien, el sector pesquero ha sabido manejar el timón en ese escenario de tormenta, ha dado pruebas de una extraordinaria resiliencia y ha emergido en el ecuador del decenio «más adaptable, más digitalizado y con mayor conciencia del riesgo». Una cualidad esta última que bien le puede servir de escudo o ensayo en esta nueva crisis que se presenta a raíz de la guerra de Irán, pues ya ha aprendido a operar en un entorno diferente. El anterior no volverá. O al menos «parece improbable», dice Eumofa.
LLEGA LA PANDEMIA
CAMBIOS EN EL CONSUMO Y ATASCO LOGÍSTICO
La pandemia de covid fue la perturbación más aguda, al entender de los analistas del observatorio del mercado comunitario. Para empezar, con el cierre de la actividad social se desplomó por completo la demanda del sector horeca (hostelería, restauración y cátering), por más que creció el consumo dentro del hogar. Las restricciones de movilidad también influyeron en la mano de obra, que escaseó todavía más. Y a todos los inconvenientes aún se sumaron los problemas logísticos, con serios cuellos de botella. Toda la cadena sufrió perturbaciones de inmediato, trastornos que afectaron tanto a la pesca como a la acuicultura y la transformación. Los productos frescos, como ostras, mejillones y pescado de alta calidad, «se vieron afectados de forma desproporcionada», señala el informe. Congelados y conservas, por contra, tuvieron un aumento repentino de la demanda.
Así, la pandemia provocó un cambio de hábitos tanto en la industria de procesamiento como en los patrones de consumo y, aunque muchos de los impactos fueron «a corto plazo», otros han quedado instaurados. Y no se espera una reversión a las estructuras de mercado anteriores. Un ejemplo que ponen operadores gallegos es la cada vez mayor concentración de las subastas de pescado, que en lugar de dosificarse a lo largo de la semana se concentran en dos o tres días, dejando prácticamente en blanco el resto de las jornadas.
Según los agentes del sector entrevistados por los analistas, las medidas de emergencia del Fondo Europeo Marítimo de Pesca y Acuicultura (Fempa) y las ayudas nacionales fueron vitales para evitar la quiebra generalizada de empresas, pues permitieron proporcionar liquidez, compensaron la interrupción temporal de la actividad y ayudaron a que los operadores redirigiesen los volúmenes hacia los canales minoristas y de exportación.
EL DIVORCIO BRITÁNICO
MENOS CUOTA PARA LOS BARCOS Y MÁS TRABAS AL COMERCIO
Cuando la cadena mar-industria veía ya atemperado el impacto de la pandemia, llegó el brexit, la desconexión del que hasta entonces formaba parte de los Veintiocho y que pasó a ser un tercer país para un club de Veintisiete. Ese divorcio introdujo «ajustes estructurales más persistentes», pero que no afectaron por igual a todos los países de la UE. El brexit trajo al sector pesquero pérdida de cuotas, nuevos controles sanitarios y fitosanitarios y más burocracia, lo que alteró «los flujos comerciales y elevó los costes de transacción de forma duradera». Los productos frescos y refrigerados fueron los más afectados, ya que los requisitos de certificación provocaron atascos y retrasos en las fronteras, impactando la calidad y precio de las mercancías.
La reserva de ajuste consiguió mitigar algunos de los efectos nocivos, sobre todo para el sector de Irlanda, los Países Bajos, Bélgica y Francia. No obstante, muchas empresas tuvieron que reconfigurar sus rutas logísticas, buscando una menor dependencia del Reino Unido incluso por tierra.
GUERRA DE UCRANIA
MÁS COSTES DE EXPLOTACIÓN Y SUBIDA DE PRECIOS AL CONSUMIDOR
En ese reajuste se estaba cuando llegó la tercera ola: la agresión de Rusia a Ucrania. Eumofa ha constatado que esta crisis ha tenido consecuencias económicas duraderas. A diferencia de la pandemia, que afectó sobre todo a los canales de distribución, la guerra provocó un aumento drástico y sostenido de los costes de explotación, en especial de energía y piensos para la acuicultura. Las flotas de mayor consumo de combustible, las plantas procesadoras que dependen de la electricidad y las piscifactorías fueron las que acusaron más el golpe. Los fondos Fempa consiguieron amortiguar el impacto inmediato, pero no mitigaron el aumento de costes, que acabaron repercutiéndose en unos consumidores que se volvieron más sensibles al precio del pescado.
GUERRA DE IRÁN
PUNTO DE PARTIDA
La guerra de Irán es la nueva disrupción que se ha presentado ante el sector pesquero. Llega con una subida de costes del combustible que parece replicar la del 2022. Pero lo que ha cambiado es el sector. Porque el tren de crisis aceleró «las estrategias de adaptación, que ahora parecen estructurales más que transitorias», señala Eumofa. En ese proceso, las empresas pesqueras ampliaron los formatos congelados, preenvasados ??y de valor añadido para reducir la exposición a la volatilidad del mercado y las interrupciones logísticas. Además, la digitalización avanzó rápidamente: el comercio electrónico, las ventas directas al consumidor y las herramientas de trazabilidad digital crecieron notablemente. Las cadenas de suministro se diversificaron, reduciendo la dependencia del Reino Unido y Rusia y de las reprocesadas en China, con más inversión en almacenamiento en frío, automatización y tecnologías de eficiencia, cambios que los patrones de consumo reforzaron también en el largo plazo.
Aunque el gasto en productos pesqueros creció, hay que atribuirlo a la inflación, dado que bajó igualmente el volumen adquirido. Los consumidores balancearon hacia los productos congelados, en conserva y más baratos, cediendo un poco el segmento prémium.
Ahora bien, la guerra de Irán llega a un sector más resiliente, digitalizado y diversificado, y con las cadenas de suministro reconstituidas. Eso sí, igual de expuesto a las subidas del combustible.
La exposición a la volatilidad de los precios del gasoil, talón de Aquiles de la pesca española
El sector pesquero español fue capaz de surfear las tres oleadas de crisis, dando muestras de una gran capacidad de adaptación. La cadena mar-industria española es uno de los casos concretos que ha estudiado el Observatorio Europeo del Mercado de Productos Pesqueros y Acuícolas (Eumofa), que resalta que «España superó las sucesivas crisis gracias a la escala, la diversificación y el apoyo político coordinado», que llegó desde el Gobierno central, pero también de Europa. Eso sí, la vulnerabilidad a la volatilidad de los precios del combustible y su dependencia de las importaciones en determinados productos —como los piensos para la acuicultura y las materias primas para la industria de transformación— son los talones de Aquiles de un sector que es líder a nivel comunitario: con desembarcos de 766.700 toneladas (2023) acapara una quinta parte de la capacidad total de la UE, domina la producción acuícola en volumen y presenta una potente industria de transformación.
Los analistas de Eumofa señalan que la primera ola de crisis, la de la pandemia, fue la más difícil de sortear. El confinamiento y el cierre del canal horeca provocaron una fuerte caída de la demanda de productos frescos y vivos, especialmente mejillones, ostras y pescado blanco de primera calidad. Además, el marisqueo experimentó un exceso de oferta y problemas logísticos y las exportaciones de pescado se ralentizaron por las restricciones al transporte. Al mismo tiempo, aumentaron las compras de productos del mar por parte de los hogares, con un incremento superior al 10 % en las ventas minoristas y online de congelados y en conserva, lo que compensó en parte el desplome del consumo fuera del hogar. Así es que, ya en la nueva normalidad, las empresas impulsaron inversiones en almacenamiento en frío, procesamiento de valor añadido y distribución online.
El brexit tuvo un efecto limitado en la pesca española, que sí golpeó a las flotas de Irlanda, Francia y los Países Bajos. Con todo, hubo retrasos y problemas con las exportaciones de productos del mar que venían del Reino Unido que los operadores sortearon cambiando muelles británicos por otros como Róterdam y Amberes.
El encarecimiento del gasoil con la guerra de Ucrania —pasó en un año de 0,50 a 1,20 euros— impactó de lleno en el sector, con una subida de costes que obligó a amarrar barcos. La crisis se superó con ayudas directas y medidas de emergencia.