11/03/2026
✨ 43
Cumplo 43 años…
y quizá el mayor regalo de estos últimos años ha sido empezar a recordar quién soy de verdad.
Porque si soy sincera, cuando somos madres todas sabemos que la vida nos va a cambiar.
Lo sabemos. Pero una cosa es saberlo… y otra muy distinta es vivirlo.
Cuando nació mi hijo toda mi atención se volcó en él.
Cambiamos de ciudad, de dinámica de vida… todo para darle la mejor experiencia posible.
Y durante un tiempo fue natural sentir que mi vida se había convertido en eso: ser madre.
Algo profundamente hermoso…
pero que también puede ser muy doloroso.
Porque casi sin darte cuenta dejas de mirarte.
Dejas de dedicarte el mismo cuidado.
Incluso hubo momentos en los que dejé de verme femenina como antes.
Y aquí aparece algo muy sutil.
Aunque en el fondo sabemos que los hijos crecen, que las etapas pasan y que la vida sigue…
la mente —o el ego— empieza a contarte otra historia.
La historia de que ahora eres eso, y no hay nada más.
Y ahí está la ilusión.
Porque en la vida asumimos muchos papeles:
madre, mujer, profesional…
Pero los papeles, por muy reales que parezcan, no son lo que somos.
Son solo expresiones de una etapa,
de un momento, de algo que la vida nos invita a sostener durante un tiempo.
El problema aparece cuando nos identificamos con el papel y olvidamos lo que hay detrás.
Porque aunque interpretemos muchos personajes a lo largo de la vida, lo que somos nunca se reduce a ninguno de ellos.
No soy solo madre.
No soy solo mujer.
No soy solo mi profesión.
Ahora si puedo afirmar con certeza:
Soy la conciencia que observa
todos los papeles… sin confundirse con ninguno.
🌹