Ana P. Cerdán

Ana P. Cerdán Psicología Alicante y Orihuela

01/09/2016

http://anapsicologalicante.jimdo.com/testimonios/

Hola me llamo MJ y soy paciente de Ana. En una de mis sesiones de terapia Ana me propone dar a conocer mi testimonio en su web y me gustó bastante la idea. Pensé que con mi testimonio podría ayudar a personas que se sientan identificadas conmigo y estén perdidos en este camino. Pueden aprender con…

La consulta individual hecha taller. Un taller de ocho sesiones (4 teóricas y 4 prácticas) dónde se observa, evalúa y se...
30/03/2016

La consulta individual hecha taller. Un taller de ocho sesiones (4 teóricas y 4 prácticas) dónde se observa, evalúa y se trata cada una de las dificultades de los papás asistentes. Modificar el comportamiento de tus hijos es posible, pero tu colaboración es importante. ¿Vas a dejar escapar esta oportunidad?

08/12/2015

Para más información, visita http://anapcerdanpsicologalicante.com/

El control obsesivo por todo, los avances tecnológicos y medicinales, la inmediatez, la comodidad y el individualismo, han creado el incesante aumento de los trastornos emocionales.

08/12/2015

TESTIMONIO DE MJ

Hola, me llamo MJ y soy paciente de Ana. En una de mis sesiones de terapia, Ana me propone dar a conocer mi testimonio en su web y me gustó bastante la idea. Pensé que con mi testimonio podría ayudar a personas que se sientan identificadas conmigo y estén perdidos en este camino. Pueden aprender con mi relato que no están solas, no está todo perdido y que la ansiedad se supera. Sí, lo he dicho bien, se supera. Es cuestión de esforzarse y trabajar muchísimo.

A mediados de marzo, decido acudir a un psicólogo porque ya había llegado al límite. La situación que vivía era insoportable, y tenía que buscar rápidamente una solución. Me estaba dando cuenta que estaba perdiendo día tras día mi vida y estaba desaprovechando una vida hermosa con mi marido y mis dos hijos maravillosos. Todo empieza año y medio atrás. Tengo que añadir que siempre he sido una persona muy insegura, tímida, autoexigente y poco sociable. Un día tal y como hoy, sin más, y tras una visita a urgencias por unas molestias, a mi marido le detectan una enfermedad grave. A partir de ese día mi vida cambia. Empiezo a ver la vida de color gris, solo veo lo negativo de mi vida. Me quedé completamente ciega de las cosas bonitas que tenía a mi alrededor, y todas las mañanas me levantaba y acostaba con la misma pregunta ¿por qué a nosotros si somos una familia joven y sana con dos niños de 2 y 3 años? El mundo se me echa encima, empiezo a tener miedo a todo. Si a alguno de mis hijos le duele la barriga ya me pienso lo peor. Estoy todo el día en alerta, y es cuando empiezan mis primeros síntomas de ansiedad. No sabía que me estaba ocurriendo. Empecé con pequeños mareos que fueron cada vez a más. Me considero un poco maniática e hipocondriaca y, tras varias visitas a especialistas en los que me realizan todo tipo de pruebas, llegan a la conclusión de que no tengo nada físico. Los síntomas iban avanzando cada día. A los mareos se le suman todo tipo de síntomas como taquicardias, hormigueos en la cara y extremidades, tensión muscular y nauseas. A partir de entonces mi vida gira alrededor de estos síntomas, y cada vez eran más habituales, y ahí es cuando empiezo a evitar lugares y personas. Evitaba cualquier centro comercial porque la gente me molestaba. No soportaba hacer colas en los supermercados porque me daban unos mareos terribles que eran muy incómodos y desagradables hasta el punto de que pensaba que me iba a desmayar e iba a montar el numerito en el supermercado. Dejé de llevar a mis hijos al parque porque pensaba que en cualquier momento me iba a marear y tenía muchísimo miedo de que mis hijos me vieran mareada. Dejé de quedar con los amigos porque cuando salía a cenar a alguno de mis restaurantes favoritos estaba toda la cena mareada y nerviosa, cuando antes me encantaba. Solamente quería estar en casa. Era el único sitio en el que me sentía protegida, hasta que llega el punto en el que ni en casa me sentía bien. Sí, en casa también aparecían los mareos, hormigueos y taquicardias. Todos los días eran iguales, con mareos y más mareos y tenía una vida cero. No disfrutaba de nada de lo que hacía. Hasta que fui consciente de que estaba tirando los días a la basura y no era feliz pese a tener todos los ingredientes para serlo, es cuando decido acudir a un psicólogo. Era la única persona que podía ayudarme, ya que además soy muy reacia a los antidepresivos y tranquilizantes.

Conocí a Ana a mediados de marzo y en la primera consulta me explicó en qué iba a consistir la terapia. Me quedé muy sorprendida cuando me dijo que me iba a mandar deberes y que tenía que trabajar muchísimo si quería volver a ser la misma persona que era antes de la ansiedad. En las siguientes sesiones iba entendiendo todo lo que me pasaba. Empecé a conocer mi problema. Sufría de dos tipos de trastornos; uno era la ansiedad generalizada y el otro trastorno de pánico. En el primero de ellos la persona que la sufre se preocupa de forma muy exagerada sobre cualquier cosa y piensa que va a pasar lo peor. Y el trastorno de pánico es la aparición de forma inesperada de una gran cantidad de ansiedad y que no están relacionadas con ninguna circunstancia en particular. Este último trastorno ha sido para mí el más difícil e incómodo, aunque ahora, escribiendo mi testimonio, me doy cuenta de que no era tan malo como yo pensaba. En las siguientes sesiones Ana me explicó en qué consistía el pánico y cómo funcionaba. Fueron unas sesiones en las que aprendí muchísimo y empecé a comprender cómo surgió y porqué se mantenía mi ansiedad. En la siguiente sesión empiezo con las técnicas para controlar mi pánico y es aquí donde Ana me habla de la terapia cognitiva. Esta terapia consiste en cuestionarnos la validez de nuestros pensamientos automáticos. Tengo que añadir, que no lo he dicho antes, que un pensamiento automático es aquel que aparece de forma involuntaria sin que la persona lo desee, y en mi caso cuanto más deseaba que no apareciese el mareo más aparecía. Era mi pensamiento automático por excelencia y todos los días aparecía.

Por fin llega el día en el que empezamos con el tratamiento y empiezo a poner en práctica todo lo que he me ha enseñado Ana. Empiezo a trabajar todos los días haciendo discusión sobre mis pensamientos negativos. Lo más importante en esta terapia es el trabajo diario, y discusión tras discusión me doy cuenta de que cada día tengo respuestas más racionales a mi ansiedad, que cada vez son menos los mareos, y que sí, cada día soy más feliz. Me doy cuenta de que esta ansiedad no me impide hacer una vida normal, que soy feliz aún tiendo ansiedad, y que estas sensaciones que me producen, como son los mareos, no son insoportables como antes me decía. Pueden ser algo incómodas, pero nada más.

Ahora me fijo en las cosas bonitas que tiene mi vida, pero es ahora cuando me doy cuenta de todo esto. En la vida pasamos por muchas circunstancias, tanto buenas como malas, pero siempre dependerá de nuestra interpretación. Y por último, la felicidad solamente dependerá de nosotros mismos. Todos podemos cambiar nuestra forma de pensar. Todos podemos aprender a ser felices. Yo he aprendido. He aprendido a ser feliz gracias a ti, Ana.

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