22/04/2026
Cuando somos niños podemos llegar a ser desesperantes, y los que somos padres lo sabemos. Hay momentos en los que decimos cosas que en realidad no sentimos o las expresamos con más dureza de la necesaria. No pasa nada, a todos nos puede pasar. Pero aun así, hay ciertas expresiones y reproches que, aunque parezcan inocentes, deberíamos evitar decir a nuestros peques.
Cuidado con mandarlos callar sin motivo, con hacerlo solo porque “molestan”, aunque tengas un mal día o la cabeza como un bombo. Cuidado con hacerles sentir que incomodan o que, para merecer afecto, tienen que comportarse de una manera determinada. Cuando este tipo de mensajes se repiten y se normalizan en el día a día, podemos estar creando una dinámica que arrastren hasta la adultez.
Las consecuencias pueden ser adultos que sienten que molestan, que no deben hablar ni expresar su opinión, o que para merecer amor necesitan ser complacientes y no generar conflicto. Analicémonos como adultos: ¿crees que arrastras algo de esto desde tu infancia? Y como padre o madre, ¿podrías estar fomentándolo sin darte cuenta?