23/12/2025
Tenía dieciocho años.
Y en medio del caos, eligió salvar a otros.
Karl-Heinz Rosch nació el 3 de octubre de 1926 en Meissen. Como tantos jóvenes de su generación, al alcanzar la mayoría de edad fue enviado a combatir en la Segunda Guerra Mundial. No hubo elección. Solo órdenes.
En el verano de 1944 fue asignado a una unidad de artillería paracaidista de la Luftwaffe y desplegado cerca de Goirle, en una guerra que ya empezaba a inclinarse con claridad. Las tropas aliadas avanzaban. La munición escaseaba. Las comunicaciones estaban cortadas. El batallón se refugiaba como podía en una granja cercana a Riel.
Allí, en medio de la ocupación y el miedo, Rosch había entablado amistad con dos niños del lugar: Jan y Toos Kilsdonk, de cuatro y cinco años. Un vínculo improbable, frágil, profundamente humano.
El 6 de octubre de 1944, las fuerzas aliadas localizaron la posición y comenzaron a bombardear la zona. Cuando estallaron las primeras explosiones, Rosch no pensó en huir ni en cubrirse.
Pensó en los niños.
Corrió hacia ellos y los llevó al sótano de la granja, el único lugar relativamente seguro. Los dejó a salvo. Luego regresó para buscar su arma. No llegó lejos. Una explosión lo alcanzó y murió en el acto.
Había cumplido dieciocho años apenas tres días antes.
Durante más de seis décadas, su historia permaneció en silencio. No solo por el paso del tiempo, sino porque Rosch era un soldado alemán, parte del bando que la historia suele recordar solo desde la culpa y la derrota. Su gesto quedó fuera de los relatos oficiales.
Pero el acto existió.
En 2008, cerca de la granja donde murió, se erigió un monumento en su memoria. La inscripción dice:
“Este monumento está dedicado a Rosch y a todos aquellos que, a pesar del mal, hacen el bien”.
No es una historia de héroes ni de banderas.
Es una historia incómoda.
Porque recuerda que incluso dentro de sistemas terribles, las personas siguen teniendo momentos de elección. Y que, a veces, un solo gesto basta para romper la idea fácil de un mundo dividido únicamente entre buenos y malos.