El Cacau del Collaret, que así denominamos los valencianos a la variedad más apreciada en nuestra tierra, se le considera un producto tradicional y autóctono. En los años 60 ocupaba más de 700 hectáreas entre los términos municipales de Benifaió y Alginet (La Ribera), y otros pueblos de l'Horta Nord de Valencia
En los años de la post-guerra toma importancia el cultivo del cacau del collaret en la comarca de la Ribera de Valencia. En Amussafes, dos familias se unen para formar una sociedad que dará origen posteriormente a grandes empresas relacionadas con el procesado de frutos secos, a partir de una tradición artesanal. Alrededor de los años 30, antes de la guerra, José Escrivá Folch se asocia con Miguel Iborra Duart, para el cultivo del cacau del collaret. En la década de los 60, ocupaba más de 700 hectáreas entre los términos de Alginet, Almussafes y Benifaio, generando multitud de puestos de trabajo, debido a la gran cantidad de mano de obra requerida. Es por estos años que, dada la importancia del cultivo, Josefina Escrivá y sus hijos Josefina Iborra, la tía Fineta, y Miguel Iborra, inician el negocio artesanal, tostando en su propia casa y vendiendo a particulares y a comercios locales, el deseado “cacau”, además de pipas, almendras, quicos, etc, con la marca CAPITOS. En los años 70, Fineta y Reme Iborra Escrivá, junto con sus maridos hacen crecer este negocio a niveles industriales, pero manteniendo el origen artesanal que tan apreciado era en la comarca. Debido a la alta demanda de un producto tan característico, decide ampliar la oferta a otros frutos secos tales como almendras, avellanas o pistachos, tostados, con y sin sal, pelados o con cáscara.
A finales del siglo XX, debido a su jubilación, traspasan el negocio a Miguel Grau, situado en la acera de enfrente, quien decide darle el nombre de “La Barbería”, puesto que la casa a donde se traslada el negocio, fue la antigua barbería del pueblo. El traspaso incluye la formación para seguir tostando los frutos secos de la misma forma que antaño, para darle el toque artesanal tan apreciado por los clientes.
Cuando Miguel Grau se jubiló, fueron dos personas las que apostaron por seguir la tradición artesanal de los frutos secos tostados con las mejores características sensoriales, dado que el tamaño de los lotes es tal, que garantiza la uniformidad y el tostado diario hace que siempre, el producto a la venta, está acabado de hacer, otorgándole una calidad superior.
Rhodney dos Santos, decidió emprender este negocio, basado en la tradición, siendo formado por Miguel Grau, y por la tía Fineta como experto en el tueste de un amplio rango de frutos secos y apoyado por Victoria Gilabert Escrivá (Ingeniera Agrónoma), nieta de Miguel Escrivá, hermano de los que originaron esta historia (Fina y José).
La casualidad quiso que, la empresa donde realizó sus primeras prácticas de empresa y que fueron la base para desarrollar su Proyecto de Fin de Carrera de un “Tostadero de Frutos Secos”, haya vuelto a cruzarse en su camino. Apoyando a Rhodney en la definición de los procesos, para darle la consistencia metodológica de un proyecto actual, definiendo el APPCC y los protocolos correspondientes, pero sin alterar el componente “artesanal”, heredado de su tía Fineta y traspasado por Miguel Grau.
La tradición de frutos secos en la zona está tan arraigada que hoy en día están situadas en la provincia de Valencia las empresas más importantes en el comercio de frutos secos, tales como Casa Pons, en Beniparrell.
Actualmente, los frutos secos viven una época dorada, puesto que son tan apreciados por sus bondades nutricionales como por sus cualidades sensoriales, haciendo de ellos ingredientes imprescindibles en la gastronomía valenciana y española.
En los pueblos vecinos existen otras empresas procesadoras de frutos secos, pero todas ellas con un marcado componente industrial, orientado a productos de alto volumen, procesado en líneas industriales de gran volumen, de baja calidad y bajo coste.
El objetivo de este proyecto es poder ampliar el surtido a otras variedades de frutos secos y a otros tipos de preparaciones, tales como el grajeado o el garrapiñado, muy apreciados en las Ferias tradicionales de las comarcas vecinas. Se trata de producirlas a pequeña escala, de forma artesanal, pero dotándoles de una calidad excepcional, consistente y constante para que el cliente cumpla sus expectativas cada vez que las consuma, pero siempre manteniendo su origen artesanal y su frescura, en lotes reducidos y totalmente controlados.