Despedidas

Despedidas Soy celebrante de ceremonias personalizadas: funerales, homenajes, celebraciones de vida y rituales para sanar el duelo.

Comparto información práctica para que puedas despedirte de tus seres queridos según tus deseos.

Lo que mucha gente no sabe… No hay prisa.Según mi experiencia, muchas personas no son conscientes de que, a menudo, no h...
20/02/2026

Lo que mucha gente no sabe… No hay prisa.

Según mi experiencia, muchas personas no son conscientes de que, a menudo, no hay ninguna prisa a la hora de tomar decisiones cuando alguien muere.

Si la muerte era esperada, lo único que necesita hacerse con cierta rapidez es que un médico certifique el fallecimiento. Pero una vez esto ha ocurrido, no hay necesidad de correr para dar los siguientes pasos.

Para algunas personas, pasar tiempo con alguien después de su muerte puede ser una parte muy poderosa del proceso de despedida. Otras prefieren esperar a que lleguen personas significativas antes de organizar el traslado del difunto.

Es normal sentirse desbordado cuando alguien muere, y tener la sensación de que hay que ponerse a hacer cosas de inmediato. Pero saber que no hay prisa puede permitirte decidir con más calma cuáles son los pasos que realmente son adecuados para cada uno.

Recordad que nadie puede obligaros a ir más rápido de lo que necesitáis, bajo ningún pretexto. Vuestro proceso de duelo depende en gran parte de ello.

¿Te has preguntado qué te hace pensar que hay prisa?






"No hay cabida para pensar la muerte que no sea en transmutación, porque, en esta comprensión de la totalidad cósmica en...
15/02/2026

"No hay cabida para pensar la muerte que no sea en transmutación, porque, en esta comprensión de la totalidad cósmica en permanente renovación, nada en realidad se esfuma, nada se extingue del Universo, cada quien se reintegra en otro ser. En esta cadena de codependencias no hay muerte que sea un acontecimiento individual: toda muerte es una confabulación de circunstancias que incluye a otros. Si cada ser está sujeto a lo que le ocurra a los demás cuerpos, la muerte humana y no humana es un efecto para otros: es un hecho con consecuencias también sobre el lugar." Omar F. Giraldo














En Monistrol de Calders, un municipio de cerca de 800 habitantes de la provincia de Barcelona, se construirá el primer c...
12/02/2026

En Monistrol de Calders, un municipio de cerca de 800 habitantes de la provincia de Barcelona, se construirá el primer cementerio Feng Shui de España y el segundo de Europa. El proyecto ocupará 60 hectáreas y tendrá capacidad para unas 80.000 sepulturas.

Diseñado según los principios del Feng Shui, el espacio estará alejado del núcleo urbano, rodeado de montañas y próximo al agua, elementos considerados esenciales para que el descanso de los difuntos sea sereno según la cultura china. El cementerio se adaptará a los rituales funerarios chinos, en los que la orientación y el respeto estricto de los ritos son fundamentales para garantizar el bienestar del difunto en la vida después de la muerte.

Foto: cementerio chino en Tailandia.

EL CELEBRANTE DE FUNERALES: CUSTODIO DE LA MEMORIASoy responsable de la custodia de la memoria. Soy el espacio que guard...
21/01/2026

EL CELEBRANTE DE FUNERALES: CUSTODIO DE LA MEMORIA

Soy responsable de la custodia de la memoria. Soy el espacio que guarda lo valioso de quienes se han marchado, el lugar donde el recuerdo de los otros puede descansar.
Recojo, protejo, ordeno, sostengo y doy palabra a aquello que la familia aún no puede tocar. Doy forma a la memoria cuando el dolor deja muda la palabra.

«Custodiar memorias» es una expresión que me pertenece profundamente. No es una frase bonita sin más: describe exactamente mi oficio. Preservo aquello que la familia ya no puede sostener sola; ordeno el recuerdo para que no se pierda en el caos; doy forma y palabras a lo que todavía no se puede decir; mantengo vivo lo esencial de una vida; y lo hago siempre con cuidado, respeto y casi en silencio.




11/01/2026

”En vez de felicitarnos del nacimiento de una criatura debíamos llorar de haber provocado la aparición en este mundo de un mísero y débil cuerpo humano, que a través de los años sufrirá incontables horas de dolor y escasísimos minutos de alegría”.

~ Roberto Arlt

El duelo que no cesa: por qué algunas pérdidas se convierten en enfermedad.La muerte necesita rituales para ser elaborad...
02/01/2026

El duelo que no cesa: por qué algunas pérdidas se convierten en enfermedad.

La muerte necesita rituales para ser elaborada.

En una sociedad centrada en la productividad individual, el duelo complicado no es solo un creciente fenómeno clínico, sino un síntoma cultural
Creo que la frase que he repetido más como psiquiatra es “tenemos que evitar patologizar el sufrimiento humano”. Y el duelo, esa reacción emocional necesaria tras la pérdida de un ser querido, es la máxima expresión de ello. Por eso insisto siempre en que no debemos pretender tratar el duelo, ni con fármacos ni con terapia; debemos atravesarlo, transcurrir por él, dejarnos cambiar por él. A lo largo de la historia, sobrevivir a un ser querido ha supuesto un acontecimiento público, estructurado y dilatado en el tiempo, en el que las comunidades ofrecían un marco cultural para contener y encauzar el dolor. Esos rituales -que hoy orgullosamente desdeñamos- ofrecían llorar, acompañar, narrar y recordar (esto es, lo que necesitamos en esos momentos). En cambio, nuestra sociedad del rendimiento y del placer convierte este sufrimiento en una anomalía individual que hay que resolver pronto, y ofrece para ello: distracción forzada, positividad, psicología exprés y ansiolíticos. Aborda el duelo como una molesta y tonta depresión que se irá si no le hacemos demasiado caso. Pero no suele irse y, al cabo de un año o más, a pesar de los múltiples “hay que seguir adelante”, “sal de esto” y “sé fuerte”, la persona desolada acude a la consulta, convertida en paciente, a recibir un tratamiento.
El Trastorno por Duelo Prolongado hace referencia a cuando el proceso de duelo deja de ser adaptativo, es persistente y evita que el sujeto recupere su funcionalidad. Su clínica se parece mucho a la depresión mayor y, a veces, al estrés postraumático; se asocia, como estas, a mayor mortalidad por causa física. La clave no está en la intensidad o duración del dolor, está en su rigidez. Al no haberse producido la transformación que implica el duelo adaptativo, el mundo interno queda “fijado” a la presencia del ausente y sanar supone ya “traicionar” al fallecido. Esto tiene su explicación. Hoy sabemos que el cerebro humano está cableado para tener vínculos: las redes de apego -con estructuras como la amígdala, la ínsula o regiones del córtex prefrontal- se activan tanto con la presencia del ser querido como con su evocación. Cuando este vínculo desaparece de forma abrupta, el sistema de apego entra en un estado de búsqueda sostenida. Pero lo relevante no es que esto ocurra, sino que no logra apagarse. Varios estudios de neuroimagen demuestran que, en personas con duelo complicado, la exposición a recuerdos del fallecido activa de manera persistente el circuito de recompensa cerebral. ¿Qué explicación tiene este hallazgo, casi paradójico? Pues que estos cerebros están esperando aún al ser querido; la recompensa no llega, pero el sistema sigue encendido. El duelo es, de esta forma, una predicción afectiva que se resiste a aceptar la realidad. Es necesaria una actualización emocional, más allá de la comprensión cognitiva: el cerebro necesita sentir la dolorosa ausencia para poder integrarla.
En la evaluación del paciente con duelo hay que diferenciar, por tanto, el dolor que paraliza y el dolor que transforma. No se trata de medir plazos con un reloj suizo, sino evaluar la flexibilidad emocional del paciente y detectar si la maquinaria del vínculo ha quedado congelada o rota.
Porque la separación social genera un patrón neural similar al daño tisular (el daño en los tejidos físicos). No es metáfora. Es literalmente un solapamiento neuronal: el cerebro no distingue entre perder a alguien y ser herido. Esta realidad biológica confirma la conmovedora frase de C.S. Lewis en Una pena en observación: “Nadie me había dicho que el duelo se pareciera tanto al miedo”. Y por eso mismo la escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie, en su Notas sobre el duelo, recoge la muerte súbita de su padre, profesor de universidad, y dice “la muerte es una violencia”.
Pero hay más. La muerte de un ser querido exige reconfigurar la narrativa personal. El problema es que, en el duelo prolongado, observamos una hiperconexión cerebral que encierra a la persona en una rumiación constante y reduce su capacidad para planificar. Esto impide, como anota C.S. Lewis, “imaginar un futuro sin ella” y provoca una fragmentación de la propia biografía; eso que Roland Barthes constató: “La muerte de la madre pone al descubierto la precariedad de mi ser”. El intelectual francés, en su Diario de duelo, no intenta explicar nada, no concluye nada. Solo deja constancia de que la pérdida rompe su sintaxis interna.
Afortunadamente, existen psicoterapias eficaces para abordar este bloqueo. No se trata de olvidar al fallecido, sino de recolocar el vínculo: permitir que el recuerdo siga formando parte de la identidad, sin anular la capacidad de vivir. El objetivo final es que las redes de apego actualicen la información esencial: la persona amada ya no está, pero el mundo no se ha derrumbado. Una paciente mía lleva siempre al cuello un colgante con la fotografía de su hija, mu**ta por suicidio hace veinte años. No se lo quita jamás. Para ella, hacerlo equivaldría a traicionarla, a borrar su presencia y, de paso, a anularse como madre. “Me iré a la tumba con el colgante”, repite. Yo preferiría que, algún día, pudiera desprenderse de él, aunque fuera un momento. Y me gustaría recordarle la frase de Niveles de vida, de Julian Barnes: “El duelo es un amor transformado”.
Lo que tenemos claro es que el duelo no es un proceso lineal, ni una serie de fases que se puedan tachar como casillas, ni una depresión transitoria causada por mero desbalance bioquímico. Es un trastorno del tiempo y del cuerpo. Es, como sugiere Joan Didion en El año del pensamiento mágico, “el esfuerzo por que el mundo siga siendo reconocible cuando ya no lo es”. Es, como escribe Barthes, “una intemperie permanente”. Si algo nos enseñó la pandemia es que la muerte necesita rituales para ser elaborada. En una sociedad centrada en la productividad individual, el duelo complicado no es solo un creciente fenómeno clínico, sino un síntoma cultural. Recuperar espacios comunitarios para despedir, recordar y narrar las pérdidas no es un gesto sentimental: es una estrategia de salud pública.

Guillermo Lahera

Profesor titular de Psiquiatría en la Universidad de Alcalá y jefe de sección en el Hospital Universitario Príncipe de Asturias. Es editor jefe de The European Journal of Psychiatry.






No siempre podemos evitar el dolor, pero sí podemos cambiar la manera en que lo habitamos.Estar presentes con lo que due...
26/12/2025

No siempre podemos evitar el dolor, pero sí podemos cambiar la manera en que lo habitamos.
Estar presentes con lo que duele es, a menudo, el primer paso para que el cuerpo y el alma empiecen a sanar.

ME ATREVERÍA A ACONSEJARTE QUE TE QUEDESHace diez años abrí esta página ~Alquimia Bendita~ para compartir las creaciones...
25/12/2025

ME ATREVERÍA A ACONSEJARTE QUE TE QUEDES

Hace diez años abrí esta página ~Alquimia Bendita~ para compartir las creaciones artesanales de mi taller de aromaterapia: cremas, jabones, aceites...
Quizá te estés preguntando qué hago ahora hablando desde este mismo espacio de un tema tan distinto.

La respuesta es sencilla: sigo haciendo mis jabones y mis “alquimias”, pero ya no puedo promocionarlas aquí. He tenido que elegir con mucha conciencia dónde invierto mi tiempo y mi energía.
Muchos de vosotros ya sabéis que desde hace diez años me dedico profesionalmente a acompañar funerales, homenajes y otras ceremonias para celebrar la vida de quienes se han ido antes que nosotros.
Cuando me disponía a cerrar esta página, algo dentro de mí me detuvo: pensé que quizá algunas de las personas que me seguís por la aromaterapia también podríais estar interesadas en el tema de la muerte, el duelo y las despedidas.

Y eso es lo que hice.
No he borrado las fotos ni los antiguos posts de jabones, porque forman parte de mi historia, y allí se quedan. Pero a partir de ahora este espacio cambia de piel. Aquí ya no compartiré más creaciones aromaterapéuticas, sino reflexiones, recursos y miradas sobre la muerte, las despedidas y la manera de acompañarnos cuando la vida nos pone frente a la pérdida.

Escribo todo esto con total transparencia. Si sientes que este nuevo contenido no es para ti, puedes dejar de seguirme con toda libertad.

Pero yo me atrevería a aconsejarte que te quedes.

Porque la muerte es transversal a toda la humanidad.

Y aunque sea uno de los grandes tabúes de nuestra cultura, tarde o temprano, sin excepción, todos nos encontraremos teniendo que afrontar la pérdida de alguien a quien amamos —o incluso de alguien a quien no amamos, pero cuya despedida nos ha tocado gestionar por la razón que sea—.

Y cuando ese momento llega, no solemos estar preparados.

A través de este espacio, y basándome en mi trayectoria y experiencia, puedo ayudarte en tres sentidos:

En las GESTIONES FUNERARIAS, ofreciéndote orientación útil a la hora de tratar con empresas funerarias y compañías de seguros de decesos, para que puedas obtener el mejor servicio y el precio más justo posible.

En la DESPEDIDA, ayudándote a encontrar la forma que mejor se adapte a tus necesidades y deseos: desde un funeral convencional en un tanatorio a las 24 horas de la defunción, hasta un homenaje posterior —una o dos semanas después, o cuando tú lo sientas—; una celebración de vida en un lugar significativo para tu familia, o un ritual íntimo y simbólico para sanar un duelo no resuelto.

Y en el ACOMPAÑAMIENTO EMOCIONAL, ofreciéndote a ti y a los tuyos sostén emocional durante todo el proceso de contratación de servicios, despedida, entierro o incineración, para que no tengas que atravesarlo en soledad.

En esta página encontrarás un espacio para recibir información honesta, clara, sin filtros, neutral y sin intereses ocultos.
Y también un lugar donde puedes escribirme y trasladarme tus dudas cuando la vida te coloque en uno de esos momentos que nadie nos enseña a transitar.

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Me llamo Francina y soy una apasionada de mi oficio. Desde 2014, cuando celebré mi primera ceremonia de despedida —dedic...
24/12/2025

Me llamo Francina y soy una apasionada de mi oficio. Desde 2014, cuando celebré mi primera ceremonia de despedida —dedicada a mi hija— comprendí algo que marcó mi vida para siempre: que acompañar a otras personas a despedirse de sus seres queridos devolvía a mi vida un sentido que parecía haber desaparecido tras aquella pérdida.

Fue entonces cuando empecé a aprender, no solo de los libros o los maestros, sino de la experiencia cotidiana de organizar, crear y celebrar DESPEDIDAS. De escuchar, de sostener, de poner palabras allí donde a veces solo hay silencio. De convertir el dolor en homenaje, y la ausencia en presencia amorosa.

Con el tiempo, he acompañado ya más de dos mil funerales, pero también he aprendido a crear rituales y ceremonias dedicados a sanar duelos más invisibles: despedidas que no existieron, muertes súbitas que dejaron vacíos, palabras que nunca pudieron decirse, y situaciones vitales complejas que dejaron temas pendientes con los ausentes.

Y así, poco a poco, entendí que este no era solo un trabajo. Era un camino. Un compromiso. Una manera de estar en el mundo.

Estoy aquí para ayudarte a decir adiós con mucho amor, para acompañarte a sanar una herida que necesita ser sanada para que puedas sentir paz.









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