30/12/2025
UN LUGAR PARA LA ESPERANZA
“Nooooche de Paz…”
–¡Vienen a quitarnos el trabajo!–
“Nooooche de Amor…”
–¡Vienen a delinquir!–
“Toooodo duerme alrededor…”
–¡Si tanto te gustan, llévatelos para tu casa!–
Hipocresía en todo su esplendor.
Tal parece que hay a quienes interesa que el odio suba como la espuma para erigirse en salvadores de la patria.
Estos fomentadores de odio quieren, además, convencernos de que ir contra nuestros semejantes es un acto de rebeldía.
Rebeldes eran Robe… Y Jorge…
El racismo y la xenofobia no.
Cuentan las crónicas de estos días que, en Illinois, en Massachusetts o en Texas, los belenes de algunas iglesias muestran a María, a José y al niño Jesús (también migrantes, no lo olvidemos) encarcelados, maniatados o envueltos en papel de aluminio, para clamar contra las detenciones indiscriminadas que se están llevando a cabo contra seres humanos que no tienen más riqueza que su resiliencia y la esperanza de un futuro mejor.
Pero el odio va aún más allá. La carambola de haber nacido con códigos "pantone" más oscuros que el blanco coloca a cualquiera en el disparadero.
Que se lo digan, por ejemplo, a Elaine Miles, actriz que hacía de Marilyn, la tranquila asistente del doctor en Alaska. Ella, nacida en Oregón, perteneciente al pueblo originario (más de allí, imposible), detenida cuando iba a coger un autobús.
En todo su apogeo las políticas xenófobas y racistas del emperador Palpatine (perdón, de Trump) y de sus billonarios camaradas.
Distopía en acción.
Ser "mala gente que camina y va apestando la tierra" se ha puesto de moda allí, aquí y en el mundo entero.
Ay, Machado del alma, lo que aún nos quedará por ver.
Según ACNUR, la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, hay alrededor de 123,2 millones de personas desplazadas por la fuerza a causa de persecuciones, conflictos, violaciones a los Derechos Humanos y otras formas de violencia.
Cómo nos iría a la humanidad si quienes manejan los hilos del mundo no esquilmaran las riquezas de otros, si frenaran el impacto climático en el planeta, si no desestabilizaran territorios ni promovieran guerras, si hicieran algo para que se pudiera habitar en cualquier lugar del planeta…
No se le pueden poner puertas al campo (ni al mar) cuando se trata de sobrevivir.
A lo largo de la historia siempre ha habido corrientes migratorias. En este país nuestro, muchas familias saben de este desgarro. Millones de ojos se han humedecido y millones de corazones se han encogido oyendo cantar a Valderrama “cuando salí de mi tierra, volví la cara llorando porque lo que más quería, atrás me lo iba dejando”.
No, no resulta nada fácil tener que abandonar el lugar al que se pertenece.
Y, por si no fuera poco el impacto de tener que desplazarse, el dejar atrás todo lo que ha conformado su identidad, la incertidumbre, las dificultades de volver a empezar de cero en otro lugar, la soledad, la sobrecarga emocional, el desarraigo, el duelo múltiple, el trastorno de estrés postraumático..., hay quienes, sin remordimiento alguno, les desahucian y les disparan prejuicios, discriminación, desprecios y deshumanización.
Es indecente.
Es inmoral.
Es aterrador.
Por mucho que la realidad muestre con pruebas fehacientes que la inmigración enriquece a todas las sociedades y que la inmensa mayoría de personas migrantes NO son delincuentes ni quieren fastidiar a nadie, corren malos tiempos para la defensa de los derechos humanos en general y para los de las personas migrantes en particular.
Toca resistir.
Por muchas noches de Paz, de Amor... y de Esperanza.
¡Felices Fiestas!