Alimenta Tu Esencia

Alimenta Tu Esencia Espacio donde encontrarás herramientas para transformar tu relación con la comida. Espacio para el crecimiento personal.

Cuando un animal muere, el dolor no aparece únicamente por su ausencia. También emerge porque ese vínculo formaba parte ...
12/03/2026

Cuando un animal muere, el dolor no aparece únicamente por su ausencia. También emerge porque ese vínculo formaba parte de la historia que nos contábamos sobre quién éramos. Nuestros animales no sólo nos acompañan: participan en la forma en que habitamos el mundo. Están en nuestras rutinas, en nuestros gestos cotidianos, en la manera en que miramos, cuidamos, jugamos o descansamos. Por eso, cuando se van, no sólo se rompe una relación. También se desordena una parte de nuestra identidad.

El duelo entonces deja de ser únicamente tristeza y se convierte en algo más complejo. Aparece el desconcierto. La sensación de que algunas certezas que nos sostenían ya no están donde estaban. De pronto descubrimos que hay partes de nuestra historia que se han cerrado con ese vínculo, versiones de nosotras que ya no pueden existir exactamente del mismo modo, pequeñas formas de alegría, de ternura o de ligereza que estaban profundamente entrelazadas con esa relación.

Y sin embargo, el duelo no sólo habla de lo que termina. También abre un proceso de reorganización interior. Mientras algunas partes de nosotras se despiden, otras comienzan a moverse lentamente. A veces de forma casi imperceptible. Nuevas preguntas aparecen. Nuevas formas de estar en el mundo empiezan a buscar su lugar. El amor que compartimos con nuestros animales no desaparece: se transforma, y con él también lo hace nuestra propia historia.

Desde esa mirada nace el taller “¿Quién soy sin tus huellas?”. Un espacio para explorar juntas qué partes de ti murieron cuando tu compañero animal se fue, qué partes están todavía en camino y qué nuevas formas de identidad pueden empezar a emerger tras un vínculo que aún sin un cuerpo presente, sigue guiando tu camino.

Encuentras el link en mi Bio 🤍🫂

Os confieso que cuando alguien dice: “No te sientas culpable, tu ser querido querría verte feliz”, siento un pequeño pel...
06/03/2026

Os confieso que cuando alguien dice: “No te sientas culpable, tu ser querido querría verte feliz”, siento un pequeño pellizco en el corazón.

Porque la culpa no va de lo que querría o no querría tu ser querido. Y tampoco es una emoción que podamos borrar con una frase bienintencionada. La culpa suele hablarnos de algo mucho más complejo. Tiene una función. Y, aunque incomode, necesita ser escuchada.

Muchas veces, cuando acompaño a personas en procesos de duelo que sienten culpa, uno de los objetivos terapéuticos es justamente darle más espacio. No para alimentarla ni para quedarnos atrapadas en ella, sino para comprender qué está intentando mostrar.

¿Es arrepentimiento por algo que hicimos o no hicimos?
¿Es amor que no sabe dónde colocarse cuando el cuerpo físico ya no está?
¿Es una señal que nos conecta con valores personales que quizá habíamos olvidado?
¿Nos habla de nuestra humanidad, de nuestros límites, de nuestra dificultad para aceptar que también podemos equivocarnos?

La culpa, cuando se explora con calma y cuidado, suele abrir preguntas importantes.

A veces me cuesta entender nuestra dificultad para tolerar las emociones desagradables de los demás. Parece que, en cuanto aparecen, sentimos la urgencia de quitarlas de en medio. Incluso he escuchado este tipo de mensajes en profesionales. Y no lo digo desde el juicio. Todas somos humanas y todas, en algún momento, intentamos aliviar el dolor ajeno como podemos.

Pero de corazón te digo algo: mereces poder sentir culpa. Mereces poder mirarla de frente y adentrarte en ella sin que nadie intente silenciarla demasiado rápido. Mereces que alguien pueda acompañarte a explorarla con la atención, la calma y el cuidado que esa emoción requiere.

La culpa aparece muchas veces en ese lugar donde el amor y la responsabilidad se encuentran. No siempre es una señal de que hicimos algo mal. A veces es simplemente la expresión del enorme peso que implica cuidar de otro ser vivo hasta el final. Y por eso merece ser escuchada con tanta delicadeza.

Con cariño, Marta.

Hoy hace 10 años que compartí mi primera publicación por aquí. Y si os soy sincera, hay muchísimas cosas que siguen igua...
28/02/2026

Hoy hace 10 años que compartí mi primera publicación por aquí. Y si os soy sincera, hay muchísimas cosas que siguen igual que entonces. El motor no ha cambiado: conectar con personas con sentires y formas de vivir donde la ternura esté en el centro. He tenido la gran fortuna de experimentar esto durante estos 10 años. De hacerme un huequito entre tanto ruido, porque existe un interés real y recíproco de cuidarnos y acompañarnos entre algunas de nosotras.

Otras muchas cosas han cambiado, y creo que no hace falta ni que nombre el qué. Pero os confieso que cuando se habla de Instagram desde un lugar tan reduccionista me duele un poquito, porque aunque el ritmo y las intenciones de muchos se hayan alejado del propósito inicial de las redes sociales —conectar—, sigo siendo una gran defensora de estas herramientas. Bien usadas, pueden acompañarnos, sostenernos e impulsarnos en nuestros caminos.

Por supuesto, siempre debería ir acompañado de una red social de carne y hueso, donde podamos tocarnos y abrazarnos. Pero por desgracia, para muchas personas eso no es posible. Yo misma lo viví en Canadá, y fue justamente allí donde comprobé cómo esta comunidad me sostuvo, sin que muchas de vosotras lo supierais.

Como siempre, tenemos la responsabilidad de cuestionar el uso que le damos a las cosas. Pero quiero confiar en que podemos seguir conectando, haciendo poco ruido, en pequeñito. Que podemos seguir acompañándonos.

Gracias por ser esa persona que me sigue haciendo creer que el silencio, la pausa y lo íntimo pueden seguir siendo posibles aquí. Gracias por acompañarme durante todo este tiempo, lleves el tiempo que lleves.

Con todo mi amor,
Marta.

Ahí estaba yo, sentada en una esquina de un barrio de Mumbai, con el calor pegajoso metiéndose por las rendijas de la ro...
25/02/2026

Ahí estaba yo, sentada en una esquina de un barrio de Mumbai, con el calor pegajoso metiéndose por las rendijas de la ropa y un libro de Elisabeth Kübler-Ross entre las manos, como quien se aferra a una brújula en medio del caos.

Y de repente: los tambores.
Las voces.
Las flores.
Un cuerpo sin vida.

Y alrededor, mucha, mucha vida.

Un cuerpo envuelto en telas naranjas, doradas y blancas, cargado a hombros. Detrás, personas que no lloraban: cantaban, bailaban, algunas reían. Yo, que venía de una cultura donde la muerte se vive desde el dramatismo, pensé primero que era una boda. Luego entendí que era un funeral.

Me quedé quieta.

Y esa escena me dijo: mira, hay otras formas.

No todas son de silencio y negación.
No todas huyen del cuerpo que ya no respira.

Lo sentí hermoso. Y resonaron dentro de mí las palabras de Elisabeth: “La muerte tiene mucho que enseñarnos”.

Y pensé que sí. Que la muerte también puede enseñarnos a celebrar, a recordar, a agradecer. A no guardar el dolor en habitaciones cerradas llenándose de polvo, sino a dejar que se mezcle con la vida, con el movimiento, con lo que queda. Incluso con la música.

No supe nunca el nombre de esa persona. Ni sus sueños. Pero esa imagen se quedó conmigo para siempre. Llegó con flores y ritmos que no entendía y, aun así, reconocí como verdaderos. Como otra realidad posible. Una que merecía ser mirada con curiosidad.

Y ahora, si lo sientes, quizá puedas despertar esa curiosidad en ti para explorar tu duelo y tu pérdida.

Desde aquel día en Mumbai —con un libro de Elisabeth entre las manos y una escena que me enseñó que existen otras formas de despedir— sigo creyendo que el dolor también puede mirarse con presencia y apertura.

Por eso he creado el taller de duelo animal
¿quién soy sin tus huellas?

Un espacio muy especial donde vamos a explorar tu identidad cuando las huellas de tu compañero animal ya no están. Un lugar para sentir, honrar, explorar… y permitir que algo nuevo se revele.

Será el 14 de marzo, de 10h a 13:30h.

Si te resuena, tienes el link en mi bio ❤️‍🩹

Con cariño,
Marta.

Mi abuela María pidió que esparciéramos sus cenizas en un almendro mu**to. Bajo la inexistente copa de un árbol seco, en...
09/02/2026

Mi abuela María pidió que esparciéramos sus cenizas en un almendro mu**to. Bajo la inexistente copa de un árbol seco, en mitad de la nada, en mitad del desierto. Allí conoció a mi abuelo, al amor de su vida. Allí quiso descansar y allí la dejamos. Bajo ese almendro inerte.

A ella nunca le importó. Con el tiempo empiezo a pensar que ella intuía que no existe una frontera real entre la vida y la muerte. Por lo que para ella, ese almendro siempre estuvo vivo.

Años después, mi tía Avelina pidió que parte de sus cenizas descansaran allí también, junto a su madre. Durante mucho tiempo ese lugar me pareció árido, incierto, incluso tétrico. Solo veía muerte. Un tronco cada vez más hueco. Más oscuro. Silencio. Tierra seca. Con suerte, algún escarabajo o una liebre asomando tímidamente.

Este verano volví al almendro, como cada verano. Y para mi sorpresa ya no lo sentí como un espacio vacío. Pude reconciliarme con ese árbol mu**to. Entendí, o más bien sentí en mi corazón, las lecciones que ellas dejaron allí: Puedes verlo todo lleno de muerte e ignorar toda la vida que sigue abriéndose paso dentro y fuera de ti. O todo lleno de vida e ignorar todo lo que necesita morir. O puedes atreverte a mirar con más honestidad y comprender que lo vivo también está muriendo, y que lo mu**to sigue lleno de vida. Que no son opuestos. Que se entrelazan.

No sé si por eso los almendros son tan especiales para mí. En ellos las veo a ellas. Y ahora también a Dana. No sé si es casualidad que cuando compré mi casa en ruinas, lo único vivo fuera un gran almendro. Un almendro al que ahora estamos acompañando a morir, justo cuando la casa que estaba mu**ta, ahora está más llena de vida que nunca.

No sé.

Tal vez morir sea solo otra forma de quedarse. Pero una forma distinta, que debemos aprender a habitar. Tal vez mi abuela María lo supo siempre, cuando eligió un almendro mu**to en mitad del desierto para volver a la tierra. Al fin y al cabo, ella siempre fue una mujer que pensaba y sentía fuera de la norma. Y quizá por eso supo ver que la vida no se acaba, tan solo cambia de forma.

Las frases típicas de “lo único que existe es el presente” se han convertido en un mantra para muchas personas. Y entien...
25/01/2026

Las frases típicas de “lo único que existe es el presente” se han convertido en un mantra para muchas personas. Y entiendo la parte positiva de esta afirmación, pues pueden ayudarnos a cultivar la presencia, una cualidad tan importante y que yo misma trato de cultivar en mi día a día.

Pero me gustaría analizar el porqué esta afirmación no es del todo cierta y por qué para muchas persona puede ser incluso contraproducente.

El presente no aparece de la nada: está hecho de pasado y de futuro. Está hecho de memoria, de aprendizaje, de heridas, de vínculos, de lo que vivimos y de cómo eso nos enseñó a protegernos. Y también está hecho de proyección: de lo que anticipamos, de lo que deseamos, de lo que tememos, de lo que nos importa.

Decir que “solo existe el ahora” puede sonar profundo, pero a veces funciona como una simplificación que borra contexto, historia y complejidad humana. Y para personas que han vivido experiencias traumáticas, además, puede convertirse en una exigencia: “si sigues afectada es porque no estás en el presente”, cuando muchas veces lo que ocurre es que el cuerpo se activa antes de que la mente llegue, y la supervivencia toma el mando.

No, no necesitas forzarte a “estar bien” en el ahora porque es lo único que existe, sino crear las condiciones para habitarlo con más calma. Paso a paso. Con amabilidad y con honestidad.

Con cariño, Marta.

¿Y por qué no quedar para escribir juntas?, ¿por qué seguir sosteniendo la idea de que la escritura es un acto necesaria...
14/12/2025

¿Y por qué no quedar para escribir juntas?, ¿por qué seguir sosteniendo la idea de que la escritura es un acto necesariamente íntimo y solitario, cuando muchas veces lo que más necesitamos es hacerlo en compañía, rodeadas de otras mujeres que también sienten el deseo de escribir, de comprenderse, de poner palabras ahí donde algo lleva tiempo pidiendo forma?

Escribir juntas para nutrirnos las unas de las otras, leer en voz alta textos de autoras que abrieron camino y también atrevernos a leer lo que vamos creando, incluso con miedo. Compartir camino, sostener procesos, inspirarnos, dejar que la creatividad se potencie a través de ejercicios cuidados y profundos, de la mano de una gran profesora de escritura, (mentira, la mejor profesora de escritura ) mientras la escritura se convierte también en un espacio para cicatrizar heridas, acompañadas por una psicóloga (he aquí yo), sin separar lo creativo de lo emocional.

¿Y si te digo que ese lugar ya existe? Se llama El Viaje y no puedo estar más emocionada con este espacio.

En serio, tengo muchas ganas de empezar El Viaje junto a vosotras. Despegamos el 8 de enero. ¡Gracias a todas las viajeras que os habéis unido!

Si quieres unirte, tienes el link en mi biografía ❤️‍🔥

Fotografía de

Hay una belleza y una valentía en escribir en primera persona que todavía no sé explicar del todo y aun así sigo intentá...
06/12/2025

Hay una belleza y una valentía en escribir en primera persona que todavía no sé explicar del todo y aun así sigo intentándolo, así que voy a hacerlo desde el único lugar desde el que sé hacerlo, escribiendo desde mi propia experiencia.

Cuando escribo desde mí no intento demostrar nada ni convertir mi historia en un ejemplo para nadie, simplemente dejo que una experiencia nacida en mi propio cuerpo encuentre su forma en palabras y, de un modo que nunca sé anticipar, a veces esa experiencia resuena en el cuerpo de quien me lee.

Y me conmueve, me conmueve mucho cómo lo íntimo puede dejar de ser un territorio cerrado y convertirse en un espacio donde otras se reconocen, porque lo que nos une no es lo que nos pasó o dejó de pasarnos, sino esa humanidad que aparece cuando alguien escribe lo que siente. Quizá por eso mis estanterías están llenas de libros escritos en primera persona, porque en esas vidas tan distintas a la mía encuentro habitaciones que también me pertenecen, espejos donde vuelvo a mí mientras buceo en otras historias, en otras vidas, en otras miradas, en otras maneras de compartir lo que duele, en otras preguntas, en otros silencios, en otras voces que, sin proponérselo, me devuelven a mí.

Sigo sin comprender del todo cómo algo escrito desde mi propio caos o desde una claridad fugaz puede ofrecer alivio a alguien que no conozco, y sin embargo sucede, y ese gesto me parece profundamente hermoso. Muy hermoso.

Tal vez por eso vuelvo siempre a esta forma de escribir, porque cuando hablo desde mí sin pretender ser ejemplar se abre un espacio donde otra persona puede respirar y reconocerse, y esa posibilidad tiene para mí un valor incalculable.

Y por ello he creado un espacio que llevo soñando desde hace mucho: El Viaje. Porque quiero que escribamos juntas. Que leamos juntas. Que compartamos nuestros escritos en un lugar seguro donde vernos unas en otras.

Y para que antes de decidirte puedas vivirlo en primera persona, el jueves 11 voy a ofrecer un encuentro gratuito junto a mi profesora de escritura, Mariana, de dos horas (mínimo). Déjame un mensaje aquí si quieres que te envíe la info.

Venteventeventeventevente, te va a encantar.

Escribo para no olvidar.Escribo para honrar mi dolor.Escribo para no dar por sentada la belleza, ni la vida, ni lo que a...
25/11/2025

Escribo para no olvidar.
Escribo para honrar mi dolor.
Escribo para no dar por sentada la belleza, ni la vida, ni lo que amo.

Escribo para ordenar mi caos interior.
Para comprenderme.
Para comprender el mundo.

Escribo para mí.
Escribo para otras.
Escribo para conectar contigo, mientras aprendo a quedarme conmigo.

Escribo para darle salida a emociones que no saben vivir en la boca, pero sí en el papel.
Para recordarme que mi viaje es único, hermoso, a pesar y gracias al dolor.
Para aprender a mirar ese dolor de una forma distinta a como me enseñaron.

Escribo para ser testigo de que todo pasa.
De que nada es fijo.
De que tampoco las épocas amables están garantizadas.

Escribo para nombrar lo que me emociona.
Lo que me asusta.
Lo que todavía me duele.

Y ahora, vamos a poder escribir juntas.

Gracias a todas las mujeres que ya os habéis sumado a El Viaje.

A las que vais a atreveros a escribir vuestra historia.
Para vosotras y también para todas las que escribirán después.

Empezamos el 8 de enero.
Y si quieres sumarte el link, lo encuentras donde siempre: en mi biografía.

Con cariño, Marta.

Escribo desde que tengo uso de razón. Creo que tenía unos ocho años cuando empecé con mi primer diario. Desde entonces n...
17/11/2025

Escribo desde que tengo uso de razón. Creo que tenía unos ocho años cuando empecé con mi primer diario. Desde entonces no he parado. Tengo decenas de cuadernos guardados en una maleta. Es pesada. Muy pesada.

De niña soñaba con ser poeta. Supongo que porque, al escribir, algo de mí se aligeraba. Era la única forma que tenía de entenderme, y yo quería compartir esa sensación con otras personas.

El otro día conté mis diarios: veintisiete. Todavía no he decidido qué hacer con ellos cuando muera. Es una de esas tareas pendientes que siempre dejo para más adelante. Como si el más adelante existiera. No sé si pedir que los quemen o dejárselos a mis sobrinas… por si algún día sienten curiosidad por conocer lo que me dolió.

El otro día pensé que, si alguien que no me conoce los leyera, quizá creería que mi vida fue dramática o pesada. Pero no. A ver, por supuesto: yo también tengo heridas. Heridas como las de cualquier mujer que se toma en serio esto de vivir. Pero la escritura siempre fue mi forma de sobrevivir. La manera de no dejarme caer del todo cuando la vida me empujaba.

Todo lo que me ha dolido lo he pasado a papel. Lo pequeño. Lo insoportable. Lo que pensé que no contaría jamás.Todo.

Y ahora quiero acompañarte a ti a hacer lo mismo: a escribir lo que pesa, lo que arde, lo que necesitas mirar con un poco más de humildad.

Y no lo harás sola. Lo haremos con Mariana, profesora de escritura creativa. Aprenderás muchísimo, te lo prometo. Y también sentirás muchísimo, te lo prometo. No importa si te sientes o no escritora. Lo único imprescindible es tener ganas de escribir. Y eso sí: no te aseguramos que al terminar El Viaje te hayas convertido en escritora.

Querida, te presento El Viaje. Un espacio para mujeres que quieran cicatrizar heridas escribiendo. Un espacio que llevo soñando desde hace mucho.

Si te resuena esta invitación házmelo saber y con gusto te comparto toda la información por privado.

Con cariño, Marta.

15/11/2025

Dirección

Calle La Menta, 23, Cuida't
Barcelona
08950

Notificaciones

Sé el primero en enterarse y déjanos enviarle un correo electrónico cuando Alimenta Tu Esencia publique noticias y promociones. Su dirección de correo electrónico no se utilizará para ningún otro fin, y puede darse de baja en cualquier momento.

Contacto El Consultorio

Enviar un mensaje a Alimenta Tu Esencia:

Compartir

Share on Facebook Share on Twitter Share on LinkedIn
Share on Pinterest Share on Reddit Share via Email
Share on WhatsApp Share on Instagram Share on Telegram

Categoría