17/02/2026
¿𝐐𝐮é 𝐩𝐚𝐬𝐚 𝐞𝐧 𝐭𝐮 𝐜𝐮𝐞𝐫𝐩𝐨 𝐜𝐮𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐬𝐚𝐥𝐞𝐬 𝐝𝐞 𝐭𝐮 𝐳𝐨𝐧𝐚 𝐝𝐞 𝐜𝐨𝐧𝐟𝐨𝐫𝐭?
Pasa algo muy humano.
Tu sistema nervioso se activa.
El cuerpo se prepara.
La respiración se acorta.
Los hombros se tensan sin que te des cuenta.
Empiezas a escuchar… pero ya estás pensando en cómo responder.
No es debilidad.
Es biología.
Cuando entras en un terreno desconocido —una conversación difícil, un cambio de rol, una decisión importante— tu cuerpo interpreta que necesita protegerte. Y protección, para el sistema nervioso, significa velocidad, control y anticipación.
Por eso queremos tener razón.
Por eso cuesta tolerar el silencio.
Por eso respondemos antes de entender.
El problema no es la activación.
El problema es no saber regularla.
En los equipos lo vemos constantemente:
cuando el cuerpo va acelerado, la conversación se vuelve defensiva.
Cuando el cuerpo se regula, aparece la creatividad.
La escucha real.
La capacidad de disentir sin romper.
Salir de la zona de confort no es obligarte a hacer cosas incómodas.
Es aprender a quedarte en la incomodidad el tiempo suficiente para que el sistema nervioso entienda que no hay peligro.
Y eso se entrena.
Se entrena bajando el ritmo.
Se entrena respirando antes de responder.
Se entrena creando espacios donde no todo esté guiado por la urgencia.
No basta con cambiar de sala o salir de la oficina.
Hace falta crear condiciones donde el cuerpo pueda bajar la guardia.
Porque cuando el cuerpo deja de defenderse, la mente puede colaborar.
Y ahí es donde empieza el crecimiento real.
¿Te has preguntado cómo influye el estado de tu cuerpo en la calidad de tu día a día en el trabajo?