05/04/2026
Pascua, un signo de esperanza
En la cruz, Cristo encontró la fuerza para dirigirse al Padre con palabras que encierran todo su amor por la humanidad: «Perdónales, porque no saben lo que hacen.» En ese gesto supremo de compasión, miró a quienes le herían y reconoció su ceguera, sin por ello renunciar a su misión. Esa es la lección que nos enseña esta Pascua de 2026: que el amor es la fuerza más grande que existe.
Nuestra humanidad parece necesitar vivir la guerra para comprender el valor de la paz, ser sacudida por el sufrimiento para mirar de frente lo que prefiere no ver. Hemos tomado la costumbre de apartar los ojos de las heridas del mundo, de buscar el consuelo en la indiferencia. Sin embargo, no hay que perder la esperanza. Detrás del bombardeo mediático de malas noticias, ya se encienden muchas luces. No solo hay sufrimiento a nuestro alrededor; ya están naciendo iniciativas concretas para elevar la conciencia colectiva. Grupos que se reúnen, movimientos que se organizan, personas corrientes que llevan a cabo actos extraordinarios, impulsadas por una visión común. Algo se mueve, y eso nos da una esperanza que no niega la realidad, sino que la transforma.
También nosotros estamos llamados a esa transmutación: convertir la desesperación en compromiso, la indiferencia en solidaridad, la parálisis de la inercia en acción. El amor no viene solo de lo alto, sino ante todo de las manos al servicio del corazón, de la unión entre oración y acción. No es un ideal lejano, sino el resultado concreto de elecciones conscientes, tomadas día tras día.
En este tiempo de Pascua, recordemos que el amor es más fuerte que la muerte, que la transformación es posible cuando creemos en ella y actuamos en consecuencia. La resurrección de Cristo es una invitación a volver a empezar, a sanarnos a nosotros mismos, a construir juntos un futuro mejor. Felices Pascuas a todos.
Bernard y Angie