20/02/2026
Algo que no deberíamos aceptar —
ahora menos que nunca—
es que alguien externo decida
cómo debemos sentir,
cómo tenemos que ser
o cómo debemos pensar.
Renunciar a la propia percepción
es una forma silenciosa
de ceder poder.
Y cuando entregamos ese poder,
dejamos de escucharnos
y empezamos a vivir
según parámetros ajenos.
Despertar también es esto:
recuperar la soberanía interna
y volver a habitar
la propia experiencia.