30/04/2026
Hay reacciones en nuestra vida adulta que no tienen mucho sentido si las miramos desde quienes somos hoy. El miedo desproporcionado ante una crítica. La parálisis cuando hay que poner un límite. La necesidad de aprobación que aparece en los momentos más inesperados. La dificultad para confiar, para soltar, para creer que algo bueno puede quedarse.
Esas reacciones no son irracionales. Son completamente lógicas si las miramos desde el niño o la niña que las desarrolló como respuesta a un entorno que, en aquel momento, le resultaba demasiado impredecible, demasiado exigente o demasiado poco seguro. Ese niño aprendió a protegerse de la única manera que sabía. Y esa protección, ese mecanismo que en su momento fue una solución brillante, se convirtió con el tiempo en un patrón que hoy ya no te sirve pero que sigue activándose de forma automática, como si el peligro de entonces siguiera estando presente.
Trabajar las heridas de infancia en terapia es, entre otras cosas, ir a hablar con ese niño. Decirle que lo entiendes. Que hizo lo mejor que pudo. Que ya no tiene que seguir defendiéndote solo. Que ahora hay un adulto capaz de encargarse de esas situaciones que antes lo superaban.
Ese trabajo cambia algo muy profundo. Y los efectos se notan en todas las áreas de la vida.
→ PRIMERA SESIÓN GRATUITA · 653 22 33 87 · WWW.ANGELASUAREZ.ES